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Miguel Angel SÁNCHEZ HERRERA
: LA CAFETERA EN CANDIL RADIO. 88,7 ALMERÍA
Siempre quise ser soldado. En 1980 en mi estancia
en Barcelona decidí alistarme en el ejercito para participar
en la guerra del Congo belga. Fueron días duros, dios lo sabe
bien. Decidí que para la próxima vez solo daría
mi vida por amor y que las ideologías y revoluciones son muy
subjetivas para tomarlas en al pie de la letra.
Un lunes a eso de las
diez y cuarto decidí que de mayor quería ser antropólogo
y/o astronauta. También fue a esa hora o cinco minutos más
tarde cuando decidí que me había enamorado locamente
de la chica rubia de la segunda fila de clase pero como siempre y eso
sería la tónica de mi vida hasta nuestros días
no me hizo ni puñetero caso. Por el contrario, y esto
fue una sorpresa para mí, Silvia comenzó a regalarme
lápices de colores a cambio de besos. Esos fueron mis inicios
con el sexo, extraño y placentero mundo cargado de colores.
De ahí.., ejem, ejem, no del sexo
sino de los colores, saldría otra constante en mi vida: la afición
por pintar paredes, frigoríficos, puertas y cualquier otro soporte
sólido con forma plana hasta que descubrí que la imagen
también se podía encuadrar y plasmar en un papel gracias
a la ayuda de una cámara fotográfica. El descubrimiento
de la pubertad en mi vecina y la cámara de fotos de la comunión
consiguieron que mi afición por tan maravilloso arte aumentase
considerablemente de proporciones. Pero eso ya sería más
tarde y cuando decidí apartarme del mundo y refugiarme en una
ciudad mora romántica del norte de África con su arrabal,
sus casas encaladas de blanco y la alegría de sus gentes: Almería.
Leí a Bowles, Kundera, Camus y Cortazar,
me aficioné al cine hasta que comenzó a salirme vello
en partes de mi cuerpo que hasta ese instante desconocía, circunstancia
que me retuvo en casa durante unos años hasta descubrir que
ciertas personas provenimos del mono. Fui a Gibraltar y me emparenté con
mis antepasados. Aprendí algo de inglés y a pesar de
todo me di cuenta que seguían atrayéndome las chicas
de poco vello y de curvas marcadas como la botella de coca cola.
Me compré un canario de color naranja
al que le puse de nombre Felipe González pero un día
que abrí la puerta para echarle de comer salió disparado
y solo me dio tiempo a ver como su estela se perdía por el horizonte.
Finalmente me casé con una morena
y tuvimos hijos rubios pero esto ya forma parte del futuro y no creo
que esté interesado nadie a no ser que quiera formar parte de él.
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