la voz de la cometa
Erótica
Manuel Lozano
Alpujarra
Relatos
Poemas
Noticias
Foro
AUTORES QUE HABLAN EN LA VOZ

 

Cuando Lusevel nació todos quedaron asombrados porque sus ojos no tenían pupilas sino miel. Pero fue  su bautizo el presagió de lo que más tarde ocurriría. Durante la comida los invitados  comenzaron a caer al piso. La autopsian  revelaría más tarde que todos habían muerto a causa de  elevados  niveles de glicemia. En vista, de que no existía registro alguno de una intoxicación de este tipo, y ante la necesidad de un nombre. Decidieron escribir simplemente en el acta de defunción que  la causa era : “deceso por Muerte Dulce”. Surgiendo  así uno de los tipos de muerte más placenteras hasta hoy  descrita. Aunque se insistió  que los infortunados no habían sufrido. El trágico hecho , dio paso al misterio y  pie a que la gente comenzara  a murmurar cosas  extrañas  sobre él.

 Insomne desde niño debido a una hiperactividad melosa .Vago  por las habitaciones de la oscura casa,  escribiendo,  siempre escribiendo .  Sus padres fueron testigo de esto, pero lo  mantuvieron en secreto con el fin de protegerlo.

                A  los  diecisiete años dejó los estudios. El incesante flujo de energía le impedía concentrarse y faltaban todavía 30 años para la invención del Ritalin y otros 10 años más para que se autorizara su venta. Quizás ese fue el motivo por el cual dedicó todo su entusiasmo a la literatura, pero al poco tiempo ya nada le satisfacía.  A esto se sumaba el acoso constante de la gente  sobre   cuando notaban que sus ojos observaban el mundo no a través de pupilas sino de miel.  Se convirtió  entonces en un eremita., con una imperiosa necesidad de huir. Comenzó  un singular itinerario de viajes a través del Abestigia, el río con las aguas  más dulces y melosas  de todo el planeta. 

En la Región del Glucotártaro conoció a un mago que le me  enseñó a dilucidar entre el mundo real y el reino de los muertos. Pude atravesar sin dificultad ambos territorios  y fue mío el conocimiento de otros  mundos superiores y el hallazgo de la sabiduría  más hermética. A cambio, tuve  que  eliminar de mi mente  el espejismo de mi  propio  yo y engañar a los tres jueces inmaculados para no beber el agua que me haría perder toda mi memoria.

 A mi regreso  se produjo otro acontecimiento. Una noche, mientras  paseaba a  orillas del lago Lhéete, me vi rodeada de príncipes ataviados con curiosas ropajes. Entre ellos  reconocí de inmediato, al gran sabio, a quien tantas veces había llamado. Estuvimos  conversando durante varias horas. Antes de marcharse me acarició con su cabeza derecha, encomendándome una  misión que no  puedo revelarles.

  Luego vinieron más mensajes sobre la secreta doctrina, y la creación de un gobierno invisible. Completamente  fascinada veía como  distintas personas llegaban a mi casa para adherirse a esta nueva ciencia. Deseaba tanto no defraudarlos, pero el gran misterio no podía ser entregado a cualquiera.  Entre  cientos de candidatos, apenas dos no fracasaron  en su intento y solo uno fue bañado  por entero. Iniciarse  en este camino demanda rigor e inteligencia. Muchos de quienes se lo propusieron  debieron haber meditado  antes de someter su voluntad.

                Con el tiempo mis  habilidades fueron aumentando, pudiendo incluso  prescindir de todo mi cuerpo. Esta cualidad me permitió trasladarme hasta las regiones  más herméticas. Ahí   descifré lo indescifrable, empleando  un  conjunto  de textos que  he  encontré  en las puertas de un templo subterráneo. En estos se narra la horrible historia de la humanidad, en una sola palabra. Una palabra  prohibida e impronunciable.

                Esta palabra se contrae constantemente para no ser oída ni tocada. Pero él me  ha  premiado con la posibilidad de transmitirles en nuestro lenguaje su significado:

 “Al inicio el hombre original y su terror subsistían solo como una diminuta esferas de luz a la espera de transformarse  en carne y miedo. Fueron seis las razas en el ciclo de la evolución humana, seis sus fuegos y seis sus angustias. La primera raza era solo una sombra de luz sobre el plano ardiente de la tierra. Las otras pasaron de células transparentes  y volátiles hasta llegar a convertirse en seres sin forma, que eligieron la tierra imperecedera para  desarrollarse. Esa que los falsos textos nombran como Edén, se convirtió así en el continente  de la penúltima raza: El hombre condenado por el conocimiento. El hombre condenado por Dios.  O sea, el hombre maligno ”

Todavía queda a tiempo para que  la sexta raza se asome entre nosotros. Cuando eso ocurra ya todos  ustedes se habrán extinguido para siempre. Mientras tanto yo me quedaré aquí, dormida  a los pies del único filósofo verdadero.

A la espera, a la infinita, pero paciente espera    .    

 


Otras obras del autor

©Revista Literaria 1999-2004-I.S.S.N.:1576-8236-Internet I.S.S.N.: 1576-8228     contador