Cuando Lusevel nació todos quedaron
asombrados porque sus ojos no tenían pupilas sino miel. Pero fue su bautizo el presagió de lo que más tarde
ocurriría. Durante la comida los invitados
comenzaron a caer al piso. La autopsian
revelaría más tarde que todos habían muerto a causa de elevados
niveles de glicemia. En vista, de que no existía registro alguno de una
intoxicación de este tipo, y ante la necesidad de un nombre. Decidieron
escribir simplemente en el acta de defunción que la causa era : “deceso por Muerte Dulce”. Surgiendo así uno de los tipos de muerte más
placenteras hasta hoy descrita. Aunque
se insistió que los infortunados no
habían sufrido. El trágico hecho , dio paso al misterio y pie a que la gente comenzara a murmurar cosas extrañas sobre él.
Insomne desde niño debido a una hiperactividad melosa .Vago por las habitaciones de la oscura casa, escribiendo, siempre escribiendo . Sus
padres fueron testigo de esto, pero lo
mantuvieron en secreto con el fin de protegerlo.
A los diecisiete años dejó
los estudios. El incesante flujo de energía le impedía concentrarse y faltaban
todavía 30 años para la invención del Ritalin y otros 10 años más para que se
autorizara su venta. Quizás ese fue el motivo por el cual dedicó todo su entusiasmo
a la literatura, pero al poco tiempo ya nada le satisfacía. A esto se sumaba el acoso constante de la
gente sobre cuando notaban que sus ojos observaban el mundo no a través de
pupilas sino de miel. Se convirtió entonces en un eremita., con una imperiosa
necesidad de huir. Comenzó un singular
itinerario de viajes a través del Abestigia, el río con las aguas más dulces y melosas de todo el planeta.
En la Región del Glucotártaro conoció a un
mago que le me enseñó a dilucidar entre
el mundo real y el reino de los muertos. Pude atravesar sin dificultad ambos
territorios y fue mío el conocimiento
de otros mundos superiores y el
hallazgo de la sabiduría más hermética.
A cambio, tuve que eliminar de mi mente el espejismo de mi propio yo y engañar a los
tres jueces inmaculados para no beber el agua que me haría perder toda mi
memoria.
A
mi regreso se produjo otro
acontecimiento. Una noche, mientras
paseaba a orillas del lago Lhéete,
me vi rodeada de príncipes ataviados con curiosas ropajes. Entre ellos reconocí de inmediato, al gran sabio, a
quien tantas veces había llamado. Estuvimos
conversando durante varias horas. Antes de marcharse me acarició con su
cabeza derecha, encomendándome una
misión que no puedo revelarles.
Luego vinieron más mensajes sobre la secreta doctrina, y la creación de
un gobierno invisible. Completamente
fascinada veía como distintas
personas llegaban a mi casa para adherirse a esta nueva ciencia. Deseaba tanto
no defraudarlos, pero el gran misterio no podía ser entregado a
cualquiera. Entre cientos de candidatos, apenas dos no
fracasaron en su intento y solo uno fue
bañado por entero. Iniciarse en este camino demanda rigor e inteligencia.
Muchos de quienes se lo propusieron
debieron haber meditado antes de
someter su voluntad.
Con el tiempo mis habilidades fueron aumentando, pudiendo
incluso prescindir de todo mi cuerpo.
Esta cualidad me permitió trasladarme hasta las regiones más herméticas. Ahí descifré lo indescifrable, empleando un
conjunto de textos que he
encontré en las puertas de un
templo subterráneo. En estos se narra la horrible historia de la humanidad, en
una sola palabra. Una palabra prohibida
e impronunciable.
Esta palabra se contrae
constantemente para no ser oída ni tocada. Pero él me ha premiado con la
posibilidad de transmitirles en nuestro lenguaje su significado:
“Al inicio el hombre
original y su terror subsistían solo como una diminuta esferas de luz a la
espera de transformarse en carne y
miedo. Fueron seis las razas en el ciclo de la evolución humana, seis sus
fuegos y seis sus angustias. La primera raza era solo una sombra de luz sobre
el plano ardiente de la tierra. Las otras pasaron de células transparentes y volátiles hasta llegar a convertirse en
seres sin forma, que eligieron la tierra imperecedera para desarrollarse. Esa que los falsos textos
nombran como Edén, se convirtió así en el continente de la penúltima raza: El hombre condenado por el conocimiento. El
hombre condenado por Dios. O sea, el hombre
maligno ”
Todavía queda a tiempo para que la sexta raza se asome entre nosotros.
Cuando eso ocurra ya todos ustedes se
habrán extinguido para siempre. Mientras tanto yo me quedaré aquí, dormida a los pies del único filósofo verdadero.
A la espera, a la infinita, pero paciente
espera .
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