Luis Cañadas
en Argar/ Antonia Bocero /Escritora
Desde que en
1964 Luis Cañadas partiera hacia Madrid,
rara ha sido la temporada en la que no
ha vuelto a exponer en su tierra. Podríamos
decir que Cañadas es el ausente de una tierra a la que
cada año vuelve; vuelve a pintarla con
la luz que lleva dentro, la almeriense
de él, la de sus padres.
En esta ocasión presenta una treintena
de obras trabajadas en diversas técnicas.
Los temas son paisajes, bodegones
y algunas cabezas; trabajos en
los que Cañadas, con sensibilidad
e inteligencia, da lección de creatividad
y perfeccionamiento. Es un goce ver
cómo el maestro sabe eliminar la
importancia material del objeto y
retener de éste su belleza plástica.
El artista transfigura la realidad,
pero no la transforma: el Valle del Andarax, es el Valle del Andarax,
y el campo respira a campo. Hay que
prestar atención a obras como “La
cueva” o la “Isabela” (Segovia),
que son trabajos de riesgo: esos
primeros planos -con semejante resultado-,
sólo los acomete quien domina la
técnica. Por otro lado, como buen indaliano,
posee un sentido preciso del papel
que ha de jugar el color en la obra.
Aunque investigador
nato, Cañadas obedece a su inspiración.
No es pintor que se deje llevar por modas.
Sin apartarse de su estilo, bajo diversas
facturas, ha sabido traducir su sentimiento
pictórico, basado en una implicación
personal con la obra; lo que ha dado
como resultado a lo largo de su carrera
unas propuestas de carácter lírico.
La inspiración
de Cañadas en gran parte emana de la
realidad, una realidad centrada especialmente
en la naturaleza; un espectáculo al que
se entrega, y en el que hunde sus raíces.
Dueño del pincel y el dibujo, nos habla
en esta colección de su goce por la belleza
en todos sus aspectos. En síntesis, una
exposición de privilegio a la que hay
que acercarse.
Antonia Bocero García/
Escritora
VENUS DEL
AMANECER
Los promotores
de esta I Feria Internacional de Arte
Contemporáneo que se realiza en Almería,
nos dicen que el motivo alegórico del
cartel anunciador representa a una Venus
Mediterránea que despierta del sueño;
una VENUS DEL AMANECER que simboliza
el deseo de que Almería se acerque otras
visiones del Arte.
Han sido meses
de un intenso trabajo para que el 9 de
Junio, en el Palacio de Exposiciones
y Congresos de Roquetas de Mar, podamos
asistir a la I Feria Internacional
de Arte Contemporáneo en Almería.
A partir de aquí esperamos que los promotores
mantengan la ilusión para que año tras
año acudan fielmente a su cita con los
profesionales y aficionados de Almería,
de España y de otros países. Personalmente
espero que dentro de un año, nuevamente,
tenga el privilegio de aportar en otras
líneas -con una primera experiencia vivida-
mi particular visión de la Feria. Como
ciudadana deseo expresar mi satisfacción
más sincera porque en Almería se hayan
dado estos primeros pasos, en lo que
puede llegar a ser el marco donde en
un futuro se den cita anualmente los
diferentes sectores del Arte. Como vehículo
de difusión, dentro de los proyectos
de ARTEfama está el
de promover coloquios, conferencias y
mesas redondas entre los diferentes profesionales
del arte, lo que acrecentará el interés
de estos encuentros.
Un recorrido
por las páginas de este primer catálogo
ilustra con detalle la sensibilidad por
integrar en él las diversas artes plásticas.
También hay que agradecer a galerías
como MUN, Puchol, Segrelles,
María Soto, Baikal y
otras, que siendo una primera Feria,
hayan confiado y puesto su empeño en
participar y traer, junto a sus artistas
habituales, obras de maestros como Botero,
Tapies o Picasso. En este apartado no
se debe olvidar a los pequeños empresarios
que han creído en el proyecto, a Ayuntamientos
como el de Roquetas de Mar, ni a la Junta
de Andalucía.
Todos ellos,
junto al público y los artistas creadores,
son los protagonistas de una Feria que
se espera constituya un acontecimiento
artístico y cultural en Almería, para
disfrute de los aficionados a las artes,
y para la ciudadanía en general. Encuentros
de esta índole, siempre que se apueste
por la calidad, enriquecen y fomentan
la cultura; invitan al diálogo, a la
reflexión, y acaban por enriquecer el
patrimonio artístico local.
Por otro lado,
no hay que olvidar que vivimos en un
mundo que ya no se entiende sin el sistema
de intercambios económicos ni culturales.
Es lo que se ha convenido en llamar la
globalización, que sin duda incumbe a
las artes, al ser una hermosa manera
de conocer las raíces culturales de los
otros pueblos, y por tanto la de fomentar
la comprensión -tan necesaria- entre
los habitantes de este planeta.
De esta forma,
Almería, a través de ARTEfama,
toma el pulso a una actividad que en
otras ciudades del país es cada año un
evento sin parangón dentro de sus diferentes
apuestas culturales. Por tanto, confiamos
que esta I Feria llegue a tener la capacidad
de convocar cada año a su Venus del Amanecer,
algo que será posible si encuentra los
apoyos necesarios para continuar con
este interesante proyecto.
César Martínez en Unicaja/ Antonia Bocero/
Escritora
Hasta el 15 de noviembre pueden verse en la Sala de Exposiciones
de Unicaja los últimos
trabajos del pintor almeriense César
Martínez (Lalo).
La colección que exhibe es de óleos
y acuarelas y supone una mirada figurativa
por las tierras del sur y sus gentes.
Una mirada figurativa, con idea,
lo que permite a César realizar una
obra despojada de acumulamientos
o artificios añadidos. Pocos pintores
como él han sabido captar el misterio
y la belleza de esta tierra singular.
En concreto, la plasticidad con la
que trata el árido paisaje de Tabernas,
le une entrañable y genuinamente
a ese espacio abierto.
Con una paleta en la que predominan los ocres y azules,
el artista narra sin ornatos una
buena parte de la historia paisajística
almeriense. Los pueblos que en esta
ocasión lleva a sus telas son Níjar, Chercos, Olula de Castro, Serón o Lubrín.
Otros escenarios a señalar serían
dos temas de Alcazaba, sus insólitas
y austeras panorámicas de Tabernas,
y unas vistas de los ríos Gabriel
y Aguas. Mención aparte merecen los
títulos “Paisaje azul”, una vista
general de Tabernas que recoge su
gran técnica y dominio del tema,
y “Atardecer”, obra inspirada en
el Castillo de San Telmo, visto desde
el Paseo de Almería, donde la luz
alcanza un gran valor expresivo.
En la colección no faltan las marinas,
de las que señalaremos la obra denominada “El
playazo”.
Como punto de equilibrio a los óleos, en la
sala puede verse una serie de acuarelas
en las que el pintor condensa mediterraneidad,
clasicismo, sensualidad y vida cotidiana,
teniendo como elemento destacado
de expresión, el dibujo. En estos
trabajos César nos transporta a países
exóticos, al mundo de las maternidades,
los oficios, o las fiestas populares;
algunas, como la obra “Carrera de
caballos”, propias del norte de Marruecos.
Algunos datos de la trayectoria de este pintor
serían los siguientes: César Martínez
nace en Almería y es licenciado en
Bellas Artes. Comenzó a pintar acuarela
a los doce o trece años, y hoy se
halla recién jubilado como catedrático
de Dibujo. Algunas de las ciudades
en las que ha expuesto son Madrid,
Barcelona, Valencia, Oviedo, Málaga
o Montreal. En 1972 obtuvo beca de
estudios de grabado y litografía
en la Escuela de Bellas Artes “Pietro Banucci” de Perugia,
donde al terminar el curso realizó una
exposición individual. Por estas
fechas se le solicita desde Canadá para
pintar un mural en el “Convention Center” de
la ciudad de Regina (Saskatchewan).
En el 82 es 2º Premio en la Bienal
de Almería.
Desde sus inicios el artista se integra en la cultura
pictórica almeriense y expone en
diversas ocasiones con el grupo indaliano. Una entrañable semblanza sobre César aparece en
la obra “El Indal”,
libro centrado en la pintura indaliana -que vive su apogeo en los años 50- y en diversos
autores de años posteriores.
De las colectivas en las que ha participado,
señalar que en 1969 es invitado
a exponer en el II Certamen Nacional
de Pintura “Ciudad Luminosa Costa
del Sol”, y que en el 92, con motivo
de la inauguración del Auditorio “Maestro
Padilla” de Almería, lo es a este
magno acontecimiento.
Dionisio
Godoy en Unicaja/ Antonia Bocero/ Escritora
Se cumplen ahora 50
años de la primera exposición individual
del pintor Dionisio Godoy. Con tal motivo,
el artista presenta una colección de
acuarelas en la Sala de Exposiciones
de Unicaja,
en el Paseo de Almería número 11. Las
obras pertenecen a los años que van de
1972 a la actualidad, lo que supone un
interesante acercamiento a las diferentes
etapas productivas del acuarelista.
La Muestra
está dedicada a Celia Viñas, su profesora
de literatura en 1954, y encargada de
escribir el texto para el catálogo de
aquella primera ocasión. Escrito que
se halla expuesto en la Sala, y que tiene
el valor -además de ofrecer una visión
clara y sensible de lo expuesto en aquel
entonces- de ser el último trabajo que
publicaría la escritora antes de su inesperado
fallecimiento. En su personalísimo estilo,
Celia habla de la fina sensibilidad del
artista, de su delicadeza clásica, y
deja muy claro el tema de la limpieza
con la que Dionisio Godoy plasma sus
obras.
En
las más de cuarenta obras presentadas
en Unicaja,
Dionisio nos invita principalmente a
un viaje por los pueblos y paisajes de
Almería, temas en los que hace alarde
de su sabiduría pictórica. Juega el artista,
brillantemente, con la luz y el color,
y crea asombros de blancos. Le sentimos
un Mediterráneo confeso, que sabe de
mares, de cal y sol. Emociona ver retratados
pueblos como Fondón o Velefique,
que aún guardan en mancha fugaz el romántico
sureste, y huelen a rincones perdidos;
rincones que en su paleta se hacen arte
mayor. Dionisio nos descubre lugares
para soñar. En tal sentido hay un pequeño
paisaje titulado “Arboleda en Paterna”,
que refleja un diálogo de matices abierto
a la mancha, en el que vemos un guiño
elegante a actitudes modernas. Muy interesante
es el título “Oleaje en Cala Barronal”,
una marina llena de fuerza y pasión por
la luz, donde se recobra el olor perdido
de los mitos que se sucedieron por estas
costas de horizontes azules y viajeros
extraviados. Las obras del almeriense
respiran aire; a veces la línea es redonda,
sensual, como en el caso de la marina
anteriormente nombrada.
Otros trabajos
que vemos en la exposición están dedicados
a Sevilla, Cádiz, Albacete y Jaén, motivos
que complementan los de tema almeriense
al recoger arquitecturas y lenguajes
de luz de otras geografías.
En cuanto
a los temas de figura, al ser Dionisio
un dibujante de solidez, retrata a sus
personajes en total plenitud; en estas
obras la naturaleza y el personaje son
una misma realidad, un tiempo en sus
caras que habla de lo vivido y de lo
que todavía soñamos.
Finalmente,
indicar que el catálogo realizado para
la ocasión, no sólo reúne obras expuestas
en la Sala, sino también otras no en
poder del artista, como “Cortijo de Góngora” o “Cortijo
de Baeza” -que figuraron en la exposición
del 54-, en las que impera el romanticismo;
o los acrílicos “Un día más”, “Temor” o “Surcos
de la tierra”, donde la idea se halla
presente como medio de expresión.
Ginés
Cervantes en el Castillo de Santa Ana
Hasta el 5
de mayo puede verse en el Castillo de
Santa Ana -Roquetas de Mar- la muestra
Tauromaquia, de Ginés Cervantes. Son
más de 80 obras entre pinturas, dibujos,
grabados, cerámicas, fotografías y estampas
digitales, que tienen como leit-motiv indagar en la plasticidad de la lidia; un argumento
al que con frecuencia recurre el pintor.
Sin embargo, el tema no sería lo importante,
pues al fin y al cabo todo artista comprometido
con su quehacer es un Egon Schiele,
aunque se camufle tras los rostros más
diversos.
El
toro, el hombre y el ruedo
Quien conozca
este Centro Cultural sabe que dispone
de 5 Salas; las obras que ahora alberga
han sido realizadas entre los años 2000
y 2005. Los óleos se hallan en la Sala principal, y se centran en la figura
del toro. Son varios lienzos en gran
formato, en los que destacan las enormes
proporciones del animal. El esquema cromático
es sencillo (rojo, negro), pero la fuerza
del motivo es enorme. En la obra “Muerte
del toro” -entre pincelada informal,
incisiones y pigmentos austeros- aparece
lo más arcano, en referencia al sentido
primitivista de los seres, las cosas,
el hombre; percibimos lo que queda tras
perder de vista el ruedo, tan hermoso
un rato antes; como en el cuadro “El
Albero”, donde todo era luz para el toro,
el hombre, la arena. En estos cuadros
la pureza de las texturas son parte
significativa de la expresión de la obra.
Dibujos, grabados
y cerámicas
Podemos decir
que una exposición de Ginés nunca se
parece a la anterior; sí perdura en él -desde que en los 70 comenzara
su carrera- su afición a hacer pintura
expresionista, algo que lleva a dibujos
y grabados, entre cilindros, esferas
y conos. El pintor no deshuesa la realidad
para hacer expresionismo -pues éste es
más actitud que intención-, como se aprecia
en el dibujo “Cabeza de Torero”,
un retrato cuyo rostro ocupa la totalidad
de la obra, y que posee un sentido emblemático
y misterioso. La simetría del rostro
es severa y el gesto contenido; el motivo
-que nos recuerda la fisonomía del pintor-
surge, víctima de algún sino, de entre
una densa maraña de líneas y manchas
de tinta. Sería un ejemplo, junto a títulos
como “Torero con capote de paseo”, de
lo que Antonio Saura denominó “barroco
ascético”.
A este mundo
se oponen obras como el grabado “Banderillas
al quiebro”, donde una sensual figura
va al encuentro de la sombra de un toro
que, desafiante, irrumpe en el ruedo.
Obra de tensión, donde las curvas dinámicas
dan a la obra una fuerte sensación de
movimiento. Las excelencias del dibujo
se aúnan al color -que es una fantasía-,
y hacen del título una obra de gran belleza.
Otra impresión interesante en la misma
son los reflejos en blanco en los cuernos
del toro y las piernas de la figura,
que ponen de relieve, una vez más, la
querencia de Ginés por el expresionismo;
también patente en el linograbado “Lance
de Rejones”, otro ejemplo de fuerza y
dinamismo.
En
cuanto a los trabajos en soporte de cerámica,
vemos que los motivos se hallan ligados
-y en parte supeditados- al material
(a sus grietas y rugosidades tras la
cocción), formando ambos unidad expresiva.
Aquí, las figuras de los toreros son
de una delgadez exasperante, como en “Citando
con banderillas”, y éstas a su vez, en
más de un título, aparecen escuálidas
y en añil, como la cabeza del toro al
que se enfrentan. Vemos que el símbolo
y el drama aparecen en las numerosas
propuestas.
Estampas digitales
y fotografías
Las digitales
son la novedad. Ginés es un artista polifacético,
puesto que su producción no sólo no se
ha circunscrito a la mera actividad pictórica,
sino que se ha extendido a otros ámbitos.
Las estampas que presenta Ginés, como
toda su obra, tienen mucho de expresionismo;
son provocadoras, vibrantes; los signos
y las manchas de color desbordan la imaginación.
Una de las más sugerentes es “Hablando
con sus sombras”, y quizá la de mayor
estética “Pase circular con negro”.
En cuanto
a las fotografías, que ocupan la
Sala circular del Castillo, animo a detenerse
en ellas. Los motivos parecen tangibles;
sigue la tauromaquia. Son instantes de
un diario. El artista encuadra, para
luego producir obras como “Plaza de Almería”,
una realidad que lleva a collage fotográfico,
por la disposición de las formas que
la componen.
En
suma, colección que gustará a los amantes
del arte contemporáneo, y en general
a los interesados en la belleza que,
como nos dijo Baudelaire,
siempre sorprende.
Antonia Bocero