Arte y Vida
De los que se quedaron. Rafael Gadea
(Antonia Bocero / Crítica de Arte)
Decíamos en el nº 4 de Transparencias que Almería,
cuna de buenos pintores, aún no tiene algo tan elemental
como es un Museo con obra permanente de artistas almerienses.
Hace unos años se intentó hacer en el Preventorio, que
era un lugar pequeño, pero bien situado. En apoyo del
mismo se realizó el Centro de Arte Museo de Almería,
lugar donde hasta la fecha se ha visto pintura tanto
de artistas locales como de fuera, lo que está bien.
Pero del proyecto inicial del Preventorio como Museo,
nada. Y ahora más nada que nunca: pues en breves
fechas se trasladará allí el Ayuntamiento de la capital,
cuyo edificio -tras las últimas lluvias- ha sufrido daños
que han de ser reparados. El traslado será provisional,
nos informan, pero vemos que el Preventorio se está acondicionando
para oficinas; luego ése será su destino final, y no
un Museo, como se había proyectado. Así que paciencia,
y a esperar a que el Ayuntamiento de Roquetas de Mar
lleve a cabo, al menos, el Museo Indaliano.
El personaje
Tras estos comentarios, el
segundo pintor que traemos a estas páginas es Rafael Gadea,
que si bien no ha nacido en Almería, podemos considerarlo
como un pintor de la tierra, ya que en Almería pasó buena
parte de su niñez, y en ella vive desde 1970. Para empezar
diré que Gadea es un pintor querido
por los poetas: son varios los que han glosado su obra.
Uno de ellos es Juan José Ceba, quien lo ve como “el primero
en gracia imaginativa, en un tesoro de autenticidad y en
ritmo imparable de líneas y personajes enigmáticos. Noble
persona y noble artista”. También podríamos definirlo como
un artista de lo humilde, lo que generalmente le lleva
a no reseñar en sus catálogos ni un solo dato de su interesante
trayectoria artística, que podemos resumir como sigue:
Rafael Gadea Sánchez
nace en Barcelona en 1953. Entre los años 1962 y 1969 reside
en Lieja (Bélgica), donde su padre trabaja en la minería
-de ahí tal vez la importancia, según períodos, del color
negro en su obra. Durante los años 1982-88, se forma en
Técnicas de Grabado en la Escuela de Artes y Oficios de
Almería, y entre los años 1989 y 1992, en el Taller de
Restauración Estrella Arcos. Desde que en el 82 realizara
su primera exposición individual, raro ha sido el año en
que no ha concurrido a Certámenes, Bienales o Ferias.
Así, se le ha visto en el IX Certamen Nacional de Pintura
(Almería 1984), en “Arco 86” (Madrid), en la Bienal Internacional
de Almería de 1994 -seleccionado con el título “Ventanas
mirando no se sabe bien a dónde”-, en la Feria Internacional
de Arte Contemporáneo (Sevilla), en la Feria de Arte de
Barcelona (1999), en “Art.ibiza” (1999), en la Feria de Arte de Barcelona (2000),
o en la Feria Internacional de Arte contemporáneo de Sevilla
(2000).
Como ilustrador
destacan los siguientes trabajos: Zéjel nº 1, Cuadernos
andaluces, Libro-catálogo sobre la obra de Juan Goytisolo y
Antonio Saura; “Encuentros. Homenaje a José Hierro”; Cuaderno
de “Aula de Poesía” (Almería, 2002), dedicado a Ángel González.
En los últimos años he visto
las muestras que Gadea ha presentado
en Unicaja, Acanto o Argar. Durante estas visitas he tomado
notas, y he dejado mis impresiones en algún artículo de
opinión -que no llegó a publicarse, y que ahora deseo compartir
con los lectores de este revista-: Gadea,
siempre reflexivo y personal, en los últimos años ha ido
evolucionando hacia un lenguaje menos centrado en la figura
humana. Nos parece una obra sincera, en la que combina
el surrealismo, el cubismo y la abstracción. En cuanto
a los materiales y técnicas que utiliza, son diferentes,
y no se apega a ninguna en especial; porque lo significativo
es hallar el medio de expresión más adecuado para la obra
Hemos ido viendo
que cada trabajo parece tener su tiempo; que las horas
previas a la creación fueron lo importante. La clave está,
ha dicho el pintor, en el tiempo que dedicas a pensar,
a mirar. Entonces aparece la grieta, la mirada alegre o
derrotada del hombre; aparece “algo”. Ese “algo”, con frecuencia
es su cara. Tiene Gadea algo
de Rouault, en el sentido de
que cada alma, cada rostro, esconde un drama, aunque él
trata el tema en positivo: “intento -dice- dar alegría
a esa vida”.
El pintor juega
con el símbolo y la metáfora; con los rostros y las miradas.
En su viaje por los espacios abiertos, descubre lo íntimo
en lo que es universal al hombre: el cielo, la tierra,
o un ¿por qué te vas?, ofrecido en unas obras llenas de
sugerencias plásticas.