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Un
concierto
Jugábamos
a ser héroes en la gran montaña rusa un momento después del gran concierto.
Todo nos parecía acorde con lo planeado apenas unas horas antes.
Mis
tíos, ajenos a ese sentimiento primero que enfrentó nuestros cuerpos en el rellano
de la escalera, le habían encargado mi cuidado y diversión, muchacha de provincias,
de una familia venida a menos, cuando cerraron las minas de hierro. Unas vacaciones
en la capital de España sería gratificante para esta alma despojada de caprichos,
que se tendría que poner a trabajar sin haber acabado los estudios de bachillerato,
dijeron sus tíos, convencidos de que en Madrid se lo pasaría estupendamente,
antes de que la contrataran en la tienda de lencería.
Bajé
a la plaza del barrio, quería jugar a la pelota o la rayuela con los
amigos que había ido haciendo desde que llegué. Daba igual que
fuesen mucho más jóvenes que yo, no estaba acostumbrada a sentirme
sola. Al llegar a la plaza, sentado cerca de la fuente, libro en mano, estaba
un chico, demasiado mayor para los demás niños, que me llamó
mucho la atención.
Nos
pusimos a jugar a balón prisionero, lo que aproveché para tirar con todas
mis fuerzas de forma que le diera en los hombros para llamar su atención.
Tan fuerte tiré que el libro acabó por los suelos. Corrí
a pedirle perdón por el pelotazo, roja como la grana, pidiéndole disculpas
sin parar. Recogió su libro con cara muy enojada y se fue.
Al
ponerse el sol salí disparada, como otras tantas veces desde mi llegada a Madrid
hacia la calle Arnedo, antes de que cerraran el portal, primero porque no tenía
llaves y segundo porque era la orden que tenía de mis tíos mientras estuviera
en la ciudad o me volverían a casa con mis padres. Al llegar a la altura del
portal él, que llegó primero, hizo ademán de cerrar la
puerta para no dejarme pasar. Empujé con todas mis fuerzas pidiéndole,
por favor, que me dejara entrar o me llevaría una regañeta. ¡Y
muy merecida que la tienes!. ¿Yo?, pregunté empujando la puerta..
¿por qué?. He llegado a tiempo - protesté. No hay que tener
tanto miedo a las grandes ciudades, total, seguro que aquí no pasa nada.
-
Anda, por esta vez, te dejo pasar, pero que sepas que te la guardo hasta mejor
ocasión.. El libro me lo has mojado y es un préstamo de la Biblioteca.
-
Contra. No era mi intención. Se me escapó el balón. Además.
¿Porqué me haces a mí culpable, acaso fui yo?.
-
No. Si encima será una embustera. Te he visto perfectamente.
-
Pues no se cómo. No parabas de leer.
-
Eso que te lo crees tú. Venga sube que aún me cabreo más.
Subí
a todo correr las escaleras. Al llegar al segundo piso toqué a la puerta
número 5. Él se me quedó detrás riéndose.
-
Ahora me voy a chivar.
Mi
tía abrió la puerta. Yo estaba horrorizada. Seguro que me enviarían
para el pueblo. - Hola Ángel. Dame un beso. ¿cómo está
tu madre?.- Horror. Encima se conocían.
-Pasa.
Toma estas verduras y llevárselas a Tita. ¿quieres beber algo?.
Hace mucho calor hoy.
Miré
primero a mi tía, después al joven. No sabía a qué
atenerme cuando mi tía dijo.. Almu, te presento a Ángel., es mi
sobrino por parte del tío Julio y por tanto familia tuya también.
-
¡Ahora sí que me va a descubrir!, y por mala conducta, para ellos,
claro, no para mí. Jolines, no había hecho nada, seguro
que me enviarán a casa en el primer tren.
-
Jugábamos a ser héroes en la montaña rusa un momento después del gran concierto.
Todo nos parecía acorde con lo planeado apenas unas horas antes.
Entré a la casa y ahí quedó todo. Cuando
mi tía pasó me dijo que había quedado con Ángel.
para que me acompañara al Parque del Retiro. Estaba de vacaciones
todo el mes y, según parece, no le importará hacer de cicerone
para enseñarte Madrid.
- Nos preparó unos bocadillos de tortilla, botella de agua fresca, una pieza
de fruta para cada uno, con unos dineros que le dio a Ángel. para que
nos divirtiéramos en el Parque del Retiro todo el tiempo que durara el concierto
de Patxi Andion.
Buscamos
asiento entre una multitud alegre mientras canturreaban sus canciones sabidas
de memoria. Al fondo, en todo lo alto de las gradas, encontramos dos asientos
continuos sobre la piedra dura y helada. Mis piernas lo percibieron sin rechistar,
ya faltaba poco para que empezara el espectáculo y no había más sitio a la vista.
Un
viernes, que no fue un viernes cualquiera. Dedicado a mí, quise responder con
mis mejores galas, un vestido color caramelo, cortado a la cintura con frunces
para dar mucho vuelo a una tela, muy a la moda, con unas sandalias de tacón
haciendo juego sujetas a mis tobillos.
Las luces se van apagando, ya no queda más que los focos de los extremos de
la concha que cobija el gran espectáculo. El escenario, completamente a oscuras,
espera la figura que todos adoramos. De pronto un juego de luces, amarillas,
azules, rojas, verdes, van dando forma a su silueta primero, para después iluminar
a toda la orquesta que le acompaña.. Aplausos.. más aplausos con la gente en
pie chillando: ¡que empiece!..¡ que empiece!
Ángel. coloca su bocadillo encima de la fría piedra y aplaude hasta quemar
sus manos...Le miro con admiración.. Figura muy delgada, pantalón de pinzas
marrón oscuro, pulover color marino cubriendo un pecho por el que asomaba un
poco de vello.. Mentón pronunciando unos rasgos de muchacho generoso, avispado,
"que promete mucho", según mi tía, muy bueno, que me cuidaría durante
toda la actuación y me llevaría a casa sin problemas.
La
música nos unió en un aroma común que recordaba las violetas de mi huerto...
mareada miré hacia mis sandalias. Sentí su cuerpo a mi lado. Temblé toda, que
no de frío y él pareció sentir algo parecido porque se abrigó hacia mis brazos,
sin remilgos y , con una mano firme cubriéndome los hombros me dijo..¡
vamos a disfrutar del espectáculo!. La música limó las diferencias que pudieran
quedar, él 31, yo 15, porque había algo que nos unía, la música.
Entre canción y canción, sus manos me tocaban, me abrazaba, me
daban palmaditas en la espalda al compás del ritmo de la música.
Atontada, unas veces lo miraba a él, otras al cantante acompañado
de los gritos de la gente que llenaba el recinto.
Terminó
el espectáculo muy entrada la noche. Me cogió de la mano para
bajar todos aquellos escalones entre la multitud que esperaba al conjunto telonero,
la "Polla Recor", que llegaría de un momento a otro. Pero a
Ángel. se ve que no les gustaba porque sugirió, más bien
me llevó hacia el parque.
-
Tenemos bonos para las actuaciones y los cochecicos.. ¿entramos en la
casa de los cristales?.
-
Claro dije yo. Al poco de entrar, iríamos por la segunda habitación,
vimos como se reflejaban unas figuras inmensas, gigantes, sobre nuestras cabezas.
y unos gemidos retumbaban en el centro de la misma. Nos miramos. Ángel.
se acercó a mí y me dijo que ya era adulta para ver aquello. Nos
acercamos a la puerta y comprobamos como, de forma descarada e impúdica,
una pareja hacía el amor entre los espejos pronunciándose su imagen
sobre el entorno en un acto de amor gigantesco.. bello.
-
Sentí placer. No sabía muy bien si era producto del que llevaba
sintiendo toda la noche o simplemente que me gustó hacer de voyeur, pero
me gustó. Temblé. Ángel, que se había sacado la
camisa por fuera del pantalón, me cogió de la cintura empujándome
hacia otra habitación. Nuestros cuerpos se reflejaban cuan figuras grecorianas
hacia el infinito. Las siluetas se perdían hacia el suelo enlazadas en
un supuesto lazo de múltiples colores. ¿Cómo harán
esto?. Qué lindas no?. Pregunté. Ángel. me miró
a su vez a los ojos y cogiéndome de la barbilla me besó en la
boca metiéndome la lengua dulce, suave, empalagosamente tierna.. deseosa
y húmeda.
No
sabía como responder a ese beso que para mí era el primero. Alejó
su cara un momento y comprendiendo me dijo.. déjate llevar, deja que
tu cuerpo haga lo que quiera, tus labios, déjalos suavemente, no los
aprietes.. relajate...
Me
volvió a abrazar muy quedo, suavemente me fue. besando el cuello, el
pelo, el lóbulo de las orejas, la nariz y bajó a mi boca que temblando
esperaba ansiosa ese beso... correspondido, caliente, novato pero fiero, ávido
de su saliva, su contacto dulce, profundo y eterno.
La
miel de abejas de mil flores tienen el mismo sabor. Mi tía preparaba
unos pastelillos de miel que me recordarán para toda la vida a Ángel.,
el chico que bailaba como un poseso la música de Patxi Andion mientras
calentaba mi cuerpo con besos sedientos de otros besos. En aquél momento,
mis besos.
Autor: Nicolás
Ximénez
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