|
|
|
la escalera burlona
Gritaban las escaleras:
oh ¡oh,¡ oh¡
¡ja, ja, ja,! ¡ no subiréis!
¡impediré el paso!. Tenéis
una forma que no me gusta.
¡Cuando cambies de color y de forma
me lo pensaré.!.
¡jo, jo, jo.!
|
Reía la escalera. Se burlaba con voz en off y asustaba
hasta las paredes de la casa. Me desperté empapada
en un sudor frío, sintiendo un gran alivio al comprobar que sólo había sido
un sueño. La camiseta, estaba pegada a mi piel
dándome la sensación de una corriente de aire fría que necesitaba con
urgencia quitar de mi cuerpo, de mi piel. Encaminé mis pasos indecisos por la
oscura habitación hasta el baño más próximo. Me di una ducha saboreando el
momento, por la sensación de paz y sosiego que me daba el agua caliente. Estuve
así un buen rato, hasta que el agua empezó a dar señales de fría por la poca
fuerza que le quedaba al gas butano que me estaba dando tanta vida en ese
momento.
Cerré la luz detrás de mi a sabiendas de que no
necesitaba encender ninguna luz más hasta llegar al dormitorio, tres
habitaciones más al norte de la enorme casa que mis padres me habían dado
como herencia.
Aún estaban las sábanas con esa humedad del que ha
pasado una gripe con fiebre alta. El espejo me dio el reflejo de mi cuerpo
desnudo recordándome lo que acababa de pasar. Abrí el armario de madera de
olivo, cogí la camisa de viscosa haciendo dibujos de ramas y hojas de otoño
que al contacto con mi piel me hizo sonreír.
No hay. Efectivamente. Las sábanas de esta cama
estaban en el arca que había en el salón comedor del piso inferior, pero no
bajaría por nada del mundo. Estiré la manta hacia atrás, y con el secador de
pelo traté de airear las sábanas. Sentí gran alivio con aquella solución. No
quería enfrentar mi pensamiento con aquella escalera de caracol.
No. No bajaría hasta que el sol iluminara bien todos y
cada uno de los rincones de aquella casa. Lo había visto morir con mis propios
ojos, sólo unas horas antes. Unas horas que me habían parecido una eternidad.
Entre la gente, en aquél grande e inmenso escenario,
cuchillo en mano; una mano de dedos suaves, largos, finos,
bellísimos................
|
|
|
|
|