LA TÚNICA COLOR BUTANO.
(Homenaje a la canción "Burbujas de amor" de
Juan Luis Guerra)
El calor era intenso y Lola llevaba una túnica de color
butano, muy ligera. Al pasar cerca de la ventana que daba al balcón, la tela,
con el aire, se cenía a su cuerpo, entonces tenía que apartar los ojos para
ocultar la turbación que sentía. La veía desnuda, marcado su pecho bien
formado, con los pezones erectos, la veo muy excitada, pensé.
Su cintura era pequena, ombligo redondo, algo prominente,
parecía indicar el principio del fin con aquella protuberancia de color negro
rizado haciendo un triángulo perfecto que venía a indicar el camino de unas
bien contorneadas piernas calzadas por unas sandalias de tacón de no más de
cuatro centímetros, no le hacían falta, era muy esbelta, demasiado delgada
para el gusto de mi padre, eso seguro. No llevaba bragas.
A ratos la miraba sintiendo que no era conveniente
levantarme del asiento. De alguna forma estaba protegido por los brazos del
sillón de mimbre donde me encontraba. Cuando Lola se movía levantaba una
pierna, como si yo no estuviera allí mismo, cruzándola sobre la otra en
postura de flor de loto sobre una butaca de verano adornada con un tapiz de
tonalidades ocres y teja que la cobijaban ampliando el espacio donde se
encontraba.
La miré sin prisas, su pelo de leona cordobesa, ojos que
ni pintados por Julio Romero de Torres; me atreví a sonar que la acariciaba.
Sentí mi propia respiración, asustándome por si ella se había dado cuenta.
Avergonzado me levanté del sillón de mimbre y, como si fuese a colocar el
libro en la biblioteca, me aproximé a verla más de cerca.
- zQué estás leyendo, Lola?.
- zDónde pongo "La Romana", de Alberto Moravia?.
Me ha gustado bastante, una construcción muy estudiada que mantiene la
intriga durante toda la trama. Gracias por dejármelo leer.
Lola levantó sus ojos color aceituna, sonrió con su boca
de labios carnosos, perfectos, a juego con su piel de melocotón. Hizo un
gesto de contrariedad, y me dijo que lo pusiera en la estantería segunda de
la derecha. En aquel momento eché de menos la canon, estaba viendo un
instante irrepetible, expresión de belleza sin igual en aquellas facciones de
muchacha-. Su escote tan pronunciado me estaba poniendo nervioso. Sentí
calor.
- zTe queda mucho?- Podíamos acercarnos al río.
- zQué te parece?
- Buena idea. Dame unos minutos me pongo algo apropiado.
Así estás muy guapa. Coge tu bolso y marchémonos?.
Manu, por favor, sólo son las cinco. Enseguida estoy
contigo.
Mientras se alejaba hacia el dormitorio comentó en voz
alta la puesta de sol para dentro de unas horas. Hacía una tarde de verano
apacible, pero demasiado calor y humedad. Sólo una brisa de viento, algo a
destacar en aquella ciudad cubierta de hojas secas, papeles, botellas de plástico,..
el viento no parecía distinguir la afluencia ni la procedencia de tanta
basura por las calles.
No había terminado con mis divagaciones cuando apareció
por la puerta una Lola que no sabía si era un sueno o era real. Se había
colocado un collar de piedrecitas de distintos tamanos, color madera, sobre
su fino cuello, muy delgado y alto, para hacer las veces de botonadura de una
camisa apenas sujeta con unos frunces sobre su pronunciado pecho, dejándose
caer, totalmente suelta, sobre una minúscula falda de tela vaquera abierta a
los lados por dos rajas descaradas que le llegaban demasiado arriba para ese
naciente deseo encubierto.
Como quien le molesta algo, me saqué de un manotazo la
camisa de entre el pantalón vaquero, tengo calor, dije, así estaré más
fresquito, y cubrí un pudor desconocido, aunque bastante molesto, que parecía
querer salir de mi pantalón ajustado. Sentí su mirada. Se detuvo en mí lo
suficiente como para ruborizarme.
- Anda, vamos, o no veremos la puesta de sol. Dios mío,
pensé, si apenas le cubre la falda las bragas. -?qué falda tan corta!-.
No me atreví a decirla nada. Bajamos a la calle. La brisa movió la camisa de
Lola. Nadie en la desierta calzada, ni debajo de su blusa. No llevaba nada.
Mil aromas me vinieron, vainilla, giré la cabeza, mistela, no.. la más
fuerte, canela. Me estaba mareando.
Subimos al auto. De camino hacía el río no paré de
contarle los proyectos que tenía para el mes de octubre. La concesión de una
beca me permitiría concluir los estudios de Bellas Artes en Venecia y quería
compartirlo con ella, que parecía querer escucharme con atención. Era una
buena oportunidad para dar el gran salto hacia algo más que unas exposiciones
en las salas de arte de las Cajas de Ahorros. Algo más para darse a conocer
internacionalmente. Lola sabía perfectamente que Manu pintaba mejor que muchísimos
de los chicos de su ciudad. Incluso, dicho por los críticos de arte de los
periódicos, con mucho más estilo y clase que la mayoría, muchos más
experimentados y mayores que él. Sus cuadros sabían expresar aquello que la
palabra no podía.
"Tengo un corazón
mutilado de esperanza y de razón
tengo un corazón
que madruga adonde quiera
?ayayayay!"
Con el movimiento del auto, debajo de su blusa sus senos se
movían libremente pues ella nunca usó sostén alguno. De su cuello escurrían
gotas de sudor que rodaban hacia abajo siguiendo el surco de piel entre sus
pechos redondos y duros. Llegaron a la desembocadura del río. Al bajar mi
mirada se encontró con la suya; un solo movimiento rítmico y sensual, una
sola respiración agitada y un mismo deseo. Lentamente, como un sujeto que es
siempre suyo, un verbo que le pertenece y un predicado que anticipa el tiempo,
fue despojándose de sus ropas para sentir los rayos del sol, el aire y la
brisa sobre su piel morena. Necesitaba ese calor sobre sus huesos y de forma
natural, como un tango bailado por una mujer hermosa, pelo muy largo, siempre
moreno, ondulado, boca perfecta y ojos que llevan el ritmo con tanta gracia,
se sentó en la cálida arena, sin toalla, decía que así sentía una caricia
especial que fluía por su sangre hacia la cintura. Mirarla era sufrir en
silencio, pero callé.
- Lola. zNos banamos?. Le propuse mojar la piel, sentir
la fría corriente del río. Pero ella no quiso apuntarse. No le molestaba ese
rayo de sol que a mí me picaba hasta la garganta.
"Y ese corazón
se desnuda de impaciencia ante tu voz
pobre corazón
que no atrapa su cordura"
Me alejé hacia la orilla. La dejé absorta oyendo la canción
de Juan Guerra a todo volumen. Le apasionaba y no pareció importarle mi huida
de ella, de su olor, su piel suave, su mirada de nina, su pecho orgulloso...
El agua estaba bastante fría para ser una tarde de tanto calor, pero la
necesitaba. Me ayudaría a solventar lo que me empenaba en esconder entre las
piernas sin ningún éxito. Nadé, floté más bien, oliendo las algas marinas
que habían sido arrastradas hacia la desembocadura del río, olía a
pescadito frito del chiringuito "Los Cortes". Me entró hambre y
decidí volver a su lado... Allí seguía Lola, tumbada boca abajo, con un
brillo especial en la piel. Las piernas más bonitas que había visto nunca,
una espalda de simetría perfecta, culo algo respingón... pensé en volver al
agua cuando Lola me dijo que me acercara y por favor, le untara la espalda con
crema hidratante.
- zNo puedes tú sola? (dios mío, pensé, no se da cuenta
de que si la toco no podré contenerme... la deseo con mucha fuerza, la quiero
para mí).
"Quisiera ser un pez
para tocar mi nariz
en tu pecera
y hacer burbujas de amor
por donde quiera
?oh! pasar la noche en vela
mojado en ti"
No tenía excusas ante tanta insistencia inocente. Me
acerqué, tomé la crema y empecé a darle ligeros masajes por los hombros, la
espalda, bajé hacia la cintura... mi respiración me delataría, cada vez la
notaba más agitada de la emoción que me estaba embriagando, y no
precisamente del aroma a plátano de la crema. Bueno. -Ya está-. -Ahora sigue
tú sola por las piernas o te quemarás. Lola me miró como quien no sabe nada
del deseo que hace que dos cuerpos quieran estar juntos y me dijo:-Manu, por
favor, no te hagas de rogar. Me senté mirando hacia el sur, encima de su culo,
como formando parte de un juego improvisado. A Lola pareció gustarle la idea
porque empezó a reírse y me comentó que si es que me quería vengar del
trabajo que me había encargado aplastándola. Le dije que se callara y me
dejara terminar cuanto antes. Seguí como si no la oyera reír untándole las
ingles, los muslos de sus piernas, las corvas, hasta los tobillos una y otra
vez...La excitación ya no se podía disimular. De pronto Lola me pide que la
deje darse la vuelta, lo hago como un autómata de forma que ahora quedo
encima de sus caderas. Sigue por esta parte, me dijo, y yo seguí con la
crema. Abrió las piernas tanto que le podía ver la línea que separa las
ingles del comienzo de su pubis, pelo negro, piel morena...
"Un pez
para bordar de corales tu cintura
y hacer siluetas de amor
bajo la luna
?oh! saciar esta locura
mojado en ti"
Ya no pude más. La tomé por los pies y empecé a darle
besos uno a uno, después por los tobillos, las piernas, una y otra vez hasta
llegar a las ingles. Allí me recreé sin brusquedad, le desaté el tanga por
los lacitos de los lados. Lola ya no reía, sólo estaba pendiente de lo que
hacía. Su piel me decía que quería más, sus piernas abiertas, sus labios
rojos. Le tomé el cáliz que me ofrecía, comí y bebí todo el jugo hasta
hacerla gritar ?basta!. Con unas manos temblonas me quitó el banador y a su
vez empezó a acariciarme con ansiedad dándome pequenos mordiscos por todas
partes... zQuieres que te folle?. Pídemelo. Dime. zQuieres, Lola?. Lola me
tomó la boca, cerró mis labios con un beso que me quemaba. Abrazada a mí
con fuerza me dijo al oído que la amara. ?Ámame!. ?Fóllame!. Rodamos por
la arena, besos fundidos en más besos. Saliva de mi boca en su boca. La tomé
por la cintura penetrándola con fuerza. Gritó de placer. Jadeábamos los
dos. Gritos de amor que se llevó el viento del sur. No estábamos solos. Las
gaviotas vinieron a ver lo que estábamos haciendo. Querían saber. Nada
importaba. La seguí besando mucho rato. Mis manos sujetaban su cabeza, pelo
suelto, larga melena. Le besé la nariz y le dije muy quedo:??Te quiero
Lola!!.
"Y este corazón
se desnuda de impaciencia ante tu voz
pobre corazón
que no atrapa su cordura"
autor: Cerezuela