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Original Message -----
From: Juan Manuel Ferrer
PASIÓN
MEDITERRÁNEA
Recuerdo
que las manecillas del reloj marcaban las 12 en punto de
la mañana de uno de esos calurosos días de
julio, tan típico por aquellos lares. Un día
soleado, con un calor abrasador, cerca de 38 º. Las
gotas de sudor producidas por los implacables rayos de
sol se deslizaban lentamente por mi rostro. Pero aquel
día me sentía el hombre más afortunado
de la Tierra. Me encontraba junto a una hermosa mujer de
curvas impactantes, sensuales, una hembra poderosa, muy
atractiva, irresistible. Empecé a recorrer su cuerpo
lentamente con la mirada. Cabello liso castaño claro,
ojos del mismo color y boquita caramelo de fresa, de labios
gruesos.
Estábamos
tumbados sobre dos toallas en la arena de una cala virgen,
casi inexplorada, salvaje, del Cabo de Gata, en la costa
de Almería. Ella y yo solos, sin nadie que nos molestara,
que pudiera perturbar la erótica magia de esos momentos.
Nadja, mujer misteriosa y carismática, de bello
y delicado perfil etrusco, mostraba sus senos al sol, para
que se broncearan convenientemente. Yo los admiraba con
deleite, observándolos complacido. Pechos suaves,
redondos, perfectos, firmes, de pezones turgentes. Sus
muslos jóvenes, duros y prietos. “¡Es
una magdalenita dulce y apetitosa!”, pensé.
De repente, como si hubiera podido leerme el pensamiento
y adivinado lo que en esos momentos bullía en mi
cabeza, comenzó a mirarme y a esbozar una sonrisa
cómplice. Al principio me sentí un poco avergonzado.
Pero luego me lancé y le guiñé un
ojo, pudiendo comprobar para mi dicha que era correspondido
en el gesto. Nadja llevaba puesto un sugerente tanga color
blanco lo suficientemente transparente como para que al
emerger su cuerpo de las cristalinas y cálidas aguas
mediterráneas, cual bella sirenita en todo su esplendor,
se le transparentara su sexo, su dulce conejito rasurado. “¡Es
todo un espectáculo observar a esta mujer!. Soy
muy afortunado de tenerla a mi lado”, pensé nuevamente.
Eran
ya cerca de las 12.30 horas. El calor apretaba sin piedad.
De repente, Nadja se incorporó y comenzó a
beber agua de Vichy de una botellita q tenía a su
lado. Unas gotitas del frío líquido cayeron
sobre sus senos, mojándolos. Seguidamente cogió un
bote de crema y me pidió, sonriendo, q le echara
un poco sobre su espalda. Mmmm, “¡que bien!.
Es mi oportunidad, tengo q aprovecharla”.
Me
acerqué a ella un tanto nervioso. Cogí el
bote de crema. Ella se volvió sobre sí misma
y se tumbó de espaldas a mi, sobre sus magníficos
senos. Yo me coloqué encima suya, a la altura de
sus caderas. Me eché torpemente un poco de crema
en las manos y comencé a masajearle los hombros.
Suavemente, con cariño y delicadeza. Quería
q se relajara, q viviese y disfrutase el momento. Mis dedos
recorrían su espalda con movimientos armoniosos
y sutiles, suaves y precisos. Nadja soltaba de vez en cuando
alguna que otra risita cómplice y placentera así como
algún suspiro de relax. Era maravilloso contemplar
su suave y bronceado cuerpo y aún lo era más
acariciarlo.
Yo
continué masajeándole la espalda. Pero me
estaba poniendo cada vez más excitado. Me encontraba
arrodillado sobre su trasero. Mis partes encima de sus
prietas y respingonas nalgas. “¡Mmmm, no sé si
aguantaré mucho en esta postura sin empalmarme!”.
Imposible, cuando pensé aquello ya era demasiado
tarde y estaba totalmente empalmado; la tenía muy,
muy dura.
Nadja,
como era lógico, notó algo. Inclinó un
poco hacia atrás la cabeza y me miró sonriendo.”¿Estás
cachondo cariño?” me preguntó. Yo le
dije que mucho, pues naturalmente era inútil disimular
mi erección. Ella cogió la muñeca
de mi mano derecha y, con un sutil gesto, hizo un ademán
para que dejara de echarle crema. Yo me levanté y
ella se incorporó. Frente a frente, Nadja y Alexis.
Nos miramos a los ojos. En ellos se podía vislumbrar
el deseo, las ganas de yacer, de disfrutar, de gozar del
sexo. Mmmm, sí. Los dos cuerpos eran un auténtico
volcán a punto de estallar.
Nadja
se inclinó y me dió un beso en la boca. Yo
ya no podía soportarlo más. La agarré por
la cintura fuertemente y comencé a besarla con fruición
y lujuria. Apreté su poderoso culo con mis 2 manos,
mmm, q bueno. Al unísono, le mordía el cuello,
lamía sus senos, mordisqueaba sus duros pezones
cual cachorro salvaje. Ella gemía de gusto. Me agarró la
espalda y empezó a mordisquearme el cuello y a meter
su lengua en mis orejas. Su mano comenzó a bajar
lentamente y se metió en mi bañador acariciando
mi pene, q a esas alturas del partido ya estaba bien erecto,
tocó mis huevos y los apretó mientras nos
besábamos profundamente.¡Oh, qué bien,!.
Parecía que el tiempo, la historia, se hubiera parado
para los dos en ese preciso momento y no nos importaba
nada en absoluto los ojos morbosos de quien nos pudiera
estar observando. Eramos presa perfecta de ávidos
voyeurs. Pero nos daba igual. Para nosotros no existía
nadie más en aquellos instantes, el mundo era nuestro,
de Nadja y Alexis. Parecía como si hubiéramos
vuelto al paraíso.
La
pasión se desbordó. Yo me quité mi
bañador, pero le pedí a ella q no se quitara
su tanga, me excitaba mucho. La cogí de la mano
y nos dirigimos hacia unas rocas que había cerca
de donde estábamos tumbados y para llegar a las
cuales tuvimos que meternos en las cálidas y límpidas
aguas del Mediterráneo. Nadie nos observaba. Allí Nadja
sacó un pie del agua y lo subió hasta apoyarlo
sobre el filo de una roca mientras con la otra mantenía
el equilibrio en la arena de la orilla. Ella estaba totalmente
abierta dándome la espalda. Yo comencé a
lamer su conejito bien rasurado, mmm, ¡qué rico!.
De vez en cuando algunas gotas de agua salpicaban nuestros
cuerpos. ¡Era una sensación increíblemente
placentera!. Nadja empezó a gemir de placer, empezó a
gozar. Yo seguía comiendo su coñito, suave
y lindo, mientras le daba palmaditas en sus muslos. Ella
se mordía los labios y cerraba los ojos. Estaba
en pleno éxtasis. Carpe diem. Estaba disfrutando
y eso me encantaba y me excitaba muchísimo. Mi verga
estaba pétrea. Así q ya no pude más,
aparté un poco el tanguita y la penetré,
introduciendo mi miembro en su lindo conejito y comenzamos
a follar. Ella lo agradeció con una sonrisa y un
casi imperceptible gritito de placer.
¡Mmmm,
qué bueno, qué gozada!. La penetro con fruición
y deseo, sus nalgas chocan con mis muslos y el roce con
su suave piel me excita, me vuelve loco. Es el goce del
roce, el placer de la carne. ¡¡NADJA ES INCREÍBLE,
UNA DIVA DEL SEXO!!.
Decidimos
cambiar de posición. Pero antes ella quiere chupármela.
Así que se mete mi miembro en su dulce boquita y
empieza a comérmelo con ansia, como si estuviera
hambrienta. Me la chupa sin descanso.¡¡Ooh,
qué placer!!, ¡esta mujer es maravillosa!, ¡qué hembra!.
A la vez que me la chupa me agarra las pelotas, con lo
cual la sensación de gusto y disfrute aumenta.¡¡Uuffff!!.¡Es única,
es la mejor!.¡Cómo la chupa!.
Le
pido que pare. Quiero q me haga una cubana. Introduzco
mi polla entre sus senos y empieza la acción. Ella
me mira y sonríe; yo le devuelvo la sonrisa junto
con un beso y un guiño. ¡¡ERES MARAVILLOSA
NADJA!!, grito en voz alta.
Dejamos
la cubana y la cojo por las axilas, la levanto mientras
yo me siento sobre la roca. Ella se sienta de espaldas
a mí sobre mi verga. Y empieza a cabalgar, con su
cabello al viento. Yo le agarro fuertemente sus senos,
los pellizco y les pego palmaditas. Le muerdo el cuello.
Ella no para de trotar y gemir de placer. El aire nos abofetea
el rostro y follamos sintiéndonos libres, en plena
naturaleza, sin nadie a nuestro alrededor, Mientras, las
olas golpean violentamente contra las rocas y suaves gotitas
de agua salpican nuestros jóvenes y calurosos cuerpos.
Nadja
se da la vuelta y vuelve a sentarse encima de mi miembro,
mirándome fijamente a los ojos. En su mirada se
adivinan sentimientos de lujuria y lascivia, de vicio sin
límites.¡FÓLLAME CARIÑO Y NO
PARES!, me ordena. Yo, como si fuera su fiel esclavo, su
lacayo, le prometo q no pararé hasta q ella me lo
diga, reventaré si es necesario con tal de satisfacerla.
Mi
pene está ya muy duro, como una piedra a punto de
estallar. Yo suspiro de placer y ella grita como una potrilla
desbocada, gozando como nunca lo ha hecho mientras cabalga
sobre mi polla y se corre una y otra vez.
Yo
ya no puedo más y me corro, toda mi leche es para
ella, para mi señora. ¡¡HA SIDO EL MEJOR
POLVO DE MI VIDA, QUÉ CORRIDA!!. Ella me la empieza
a chupar una vez más, ¡qué gusto!.
Después
de que nuestros cuerpos se hayan fundido en uno solo y
que nuestro amor se haya manifestado en todo su esplendor,
nos bañamos desnudos en el agua y disfrutamos de
ese bello marco natural incomparable, de esa recóndita
y perdida cala del Cabo de Gata de Almería, paraíso
de dioses.
SPARTACUS
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