animales
Página de autores y libros

La escalera de la playa.

Me encanta ver las gotas de agua de mar deslizarse sobre tu piel morena. Las veo resbalar, adaptándose al relieve de tu cuerpo, de tus músculos, detenerse un momento y formar un reguero que tienta a mi lengua a perseguirlas, recogerlas; a mis dedos a dibujar nuevas rutas para que continúen su camino; a mis ojos a grabar en mi memoria cada centímetro cuadrado de ti.

Esa piel que rivaliza con los tonos ocres y marrones del acantilado que hay a nuestra espalda, por donde hemos bajado un rato antes, por la larga escalera de madera de la cuesta de Maneli. Me gusta esta playa donde podemos estar solos, desnudos, disfrutar del mar y del viento. El sol nos contempla desde lo alto juguetear entre las olas, acariciarnos sin pudor, con el deseo guiando nuestras manos y enardeciendo nuestros cuerpos.

Ya desde que subimos al coche cuando enfilamos la autopista y dejas caer tu mano sobre mi rodilla y comienzas a acariciarme los muslos siento una punzada de placer que no me abandona en todo el día. Especialmente cuando caminamos por el camino de tablas, sobre la duna, hasta llegar a la escalera. Tu brazo ciñendo mi cintura, tus manos acariciando mis nalgas, mi culo gordo, pasado de peso, pidiendo a voces que me ponga a régimen, digo yo. Delicioso y adorable, dices tú. Y exploras con más atrevimiento, audacia que me hace temblar de ganas de tenerte, levantando el borde de mi vestido y acariciando directamente mi piel.

Me divierte tu expresión de asombro cuando te das cuenta de que, una vez más, no llevo bragas, ni siquiera esos tangas mínimos a los que me he aficionado por ti y para ti.  Qué delicia que tus dedos se metan entre mis nalgas y sigan más abajo, lentamente hasta llegar a mi humedad que no cesa de fluir entre mis muslos. Mi cuerpo responde a tus caricias. Mis pezones se ponen tan duros y sensibles que me hacen consciente, casi dolorosamente, de la tela del vestido y de cada movimiento mientras bajamos la escalera.

Cuántas veces tu impaciencia ha hecho que me tomes allí mismo. Que levantes mi vestido y me estreches contra ti, abarcándome con tus brazos, me siento pequeña en ellos, moldeándome contigo, deseada, excitada, lasciva... Tus besos me encienden, me siento levantada del suelo, me apoyas contra la barandilla y frotas tu vientre contra mí, te siento crecer, noto tu sexo contra el mío, enlazo tu cintura con mis muslos mientras me besas, con desesperación, salvajemente, muerdes mis labios, tu lengua se adueña de mi boca, campa por sus respetos y yo te devuelvo el beso abrazándote, colgándome de ti, dejándome llevar donde tú quieras.

Siento la madera áspera en mi espalda y el viento roza mi piel, cada vez más sensible, más abierta a ti. Inclino la cabeza hacia atrás mientras recorres mi cuello con tus labios y mis ojos se llenan de azul, el cielo sereno, contrastando con el volcán que me nace en el vientre. Aprieto tu nunca contra mí, te quiero ahí, lamiéndome, sorbiéndome con ansia.

Me asalta el pensamiento, tonto, lo sé, de que debo pesarte mucho, pero lo cierto es que parezco una pluma en tus brazos y me abandono al fin, deseando que de una vez, liberes mis pechos, los aprietes, recibas mis pezones que te añoran, me hagas saltar al pellizcarlos y te liberes de tu bañador para que tu verga golpee mis labios, mi coñito que se humedece por ti. Apóyala en mi entrada, deslízame hacia abajo y penétrame, mi amor, te deseo, te necesito.

Me pones encendida, cachonda, me vienen a la mente y a la boca palabras fuertes, obscenas. Quiero sentir cómo golpea tu vientre contra el mío, quiero tus cojones golpeando mi coño mientras me follas, mientras llegas a lo más profundo de mí. En mi ansia me agarro a ti con fuerza y hasta clavo mis uñas en tus hombros. Te noto duro y fuerte en mi interior, me parece sentir que tu polla aumenta de tamaño cuando me penetras así, que tu cuerpo entero crece y me absorbe. Me olvido de todo en tus brazos y sólo quiero ser tu dulce putita, como me susurras al oído.

Tu espalda se arquea levantándome por las nalgas y un dedo aventurero intenta penetrar mi ano siguiendo el ritmo de tu embestida frontal. Sabes que eso me hace delirar, que me hace sentirme deliciosamente sucia, perversa. Y si sigues así te pediré que me bajes y me dejes ponerme a cuatro patas sobre la arena, levantando mi culo para ti y pidiendo que me penetres por detrás. Desde que me iniciaste, cuando la excitación alcanza el momento culminante y mi cuerpo es puro sexo, rezumando lascivia,  no puedo dejar de rogarte que me tomes así, te necesito ahí, bombeando, dándome duro, cogiendo mis caderas, empujando fuerte hasta que te vacíes en mí...

Pero por esta vez sigues de pie, follándome, haciéndome tuya. Siento tu cuerpo de hombre poseerme entera, me abro cada vez más a tu invasión, mis piernas, todo mi ser tiembla de excitación y deseo. Mis gemidos te enardecen y aumentas tu ritmo. Presiento tu orgasmo y te pido que me folles, que me llenes de ti, muevo mis caderas, voy a tu encuentro... vamos a corrernos juntos, un poco más, mi amor, dame más... más...

Kage (Sevilla – 2002)

si quieren conocer más autores

 
 
Candil Radio, FM 87.6 en formato mp3
animals