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EL DISCRETO
ENCANTO DE LA LLUVIA TORRENCIAL
autor:
Joseph Einbund
Yo aguardaba
al bus que me llevara a mi trabajo a la zona de carga y descarga donde debía
poner a prueba cada día mi musculatura transportando heladeras pianos y otras
chucherias cuando vi que se abría la puerta trasera de un bus que no me servía
y salía despedido igual que una basura el cuerpo medio desnudo de una mujer
como si eso fuera nada más que una rutina aprecié rápidamente la calidad del
artículo y las condiciones en que se hallaba la puerta se volvió a cerrar y
el bus continuó su furioso camino seguro que a cumplir su servicio de descargar
gente con aún mayor celeridad y eficiencia si cabía no había más nadie a la
vista así que corrí a prestarle mi ayuda lo primero que pude apreciar fue su
culo y segundo que ese culo o estaba pidiendo guerra o si no me equivocaba había
acabado de ganar una batalla ya que estaba todo humedecido por una sustancia
que yo conocía muy bien pero que no era la mía tomando en cuenta previamente
todas esas consideraciones comprendí que la calle era un lugar peligroso para
andar inspeccionando artefactos culinarios por mas útiles que sean así que la
ayudé a levantarse y pude apreciar inspeccionando con el tacto cosas que me
llamaron poderosamente la atención que si bien se había escrachado el trasero
por supuesto que yo tengo mis preferencias todavía estaba en buenas condiciones
de uso y debió agarrarse como pudo de mis bolas debido a que sus piernas aun
estaban flojas mientras yo la arrastraba como podía por el sobaco y las tremendas
tetas hasta el banco era deplorable el estado en que había quedado la cremallera
reventada y el culo también con la caída como dije no había mas nadie así que
únicamente yo pude apreciar ese tremendo culo refrescándose como yegua que levanta
la cola por supuesto para ayudarla debía alzarla por el sobaco pero debido a
su precario desorden de vestimenta desplazada por la caída estaba medio desnuda
así que al incierto equilibrio de su andar se unió ese golpe que me impedía
agarrarla por el sobaco y lo único que encontré fue su teta como ubre de vaca
que encontré suficientemente firme y que podía servir al caso en vez de quejarse
me lo agradeció y entonces se puso a llover torrencialmente no era aquí pues
momento para no compartir y al verla temblando comprendí que había llegado la
hora con tan mala suerte que me sentí en la obligación de cubrirle el trasero
subiéndole la cremallera, pero ella se había roto(la cremallera) y su culo debió
continuar en flor observando la lluvia caer a todo esto ya mi polla había cruzado
los cuarenta y cinco grados longitud sur o las nueve y cuarenta y cinco del
meridiano de Greenwich con lo que únicamente buscaba hacerse útil reclamando
una acción inmediata que le permitiera cumplir con su deber la lluvia arreciaba
cada vez más y yo también con lo que considerando la idea la hora el día y la
oportunidad dado el caso de la escasa visibilidad el escaso transito y la improbabilidad
de que la lluvia cesara con lo cual la mujer de este relato estaba mojándose
inútilmente su ropa y su trasero era una picardía que no se la levantara lo
suficiente como para que mi cada vez mas quejosa polla no tuviera mas libertad
de acción y así mientras yo me preocupaba de su falda ella lo hacía de mi pantalón
por el motivo de que esta era la peor hora para preocuparse de perder el autobús
de las cuatro ya que difícilmente vendría ante este difícil dilema las cosas
se resolvieron satisfactoriamente sin embargo ya que al liberarse mi polla de
su encierro causo una profunda y apreciativa admiración con lo cual se dió orden
inmediata de despejar la zona aledaña que pudiera perturbar el paso de la polla
en el cumplimiento de su misión y así la polla y el coño bendito terminaron
de lo mas amigos y los dueños de ellas las besaron y babosearon abundantemente
ante la felicidad del publico que se congrego para ver el espectáculo pues la
lluvia había cesado hace rato y cuando el bus se detuvo agarre mis pantalones
corrí con el mar de gente y tuve suerte de entrar en cambio la mujer del culo
se cruzó con la puerta cerrada en el momento oportuno con lo que se comprobó
que no había leído su horóscopo de hoy no debía intentar de subir a un bus así
que se descalabro repetitivamente hasta que pude comprobar apenas desde mi esforzada
curiosidad que había derribado a un par de piernas fornidas de un alma caritativa
que seguramente conocía este relato y le tocaba continuarlo..
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