JOSÉ ANTONIO GARRIDO CÁRDENAS
Entrevista realizada al escritor José Antonio Garrido Cárdenas, com parte del trabajo de campo: "Entrevistas para una tesis", editadas por la revista literaria "La voz de la cometa. Tu voz en Internet", y formuladas por Maribel Cerezuela, como parte de un proyecto que verá la luz próximamente en su totalidad. Gracias José Antonio por tu amabilidad y contestar a las preguntas formuladas. Un saludo.
   

.., un esquema interesante sobre fecha de nacimiento, infancia, adolescencia, juventud, madurez, de forma amena. Ya sabes mi manía a la persona más que a los números.. esto para los bibliógrafos.

Bueno, pues te diré que mi nombre completo es José Antonio Garrido Cárdenas y que nací en Almería una lluviosa noche de noviembre en el año 1977; era día 20 (justo dos años después de la muerte del Generalísimo...). Mi infancia la recuerdo con un bocadillo en la mano y esperando en el parque a que me llegara el turno de jugar al fútbol en “los bancos”. Acabado el partido le recuperaba el ritmo al bocadillo que había dejado a algún amigo en confianza.., aunque nunca tenía la certeza de rescatar lo mismo que le había dejado. Los veranos de esta infancia (en la que las canicas, las chapas, la NBA y el descubrimiento de un grupo que se llamaba Mecano, me marcaron) los pasaba en un pueblo granadino, en la falda norte de Sierra Nevada, llamado Aldeire entre bancales de patatas y alfalfa, y en lucha constante con los animales (más bien yo les perseguía con pretensiones poco pacifistas y ellos huían).

Toda esta etapa se fue diluyendo casi sin darme cuenta hasta que fui consciente de la necesidad de un planteamiento de futuro. No fue traumático, pero sí chocante... Yo seguía queriendo ser futbolista, pero los entrenadores seguían empeñados en demostrarme que era mejor que estudiara..., y así hice. Fue por entonces cuando me empezó a interesar la literatura. No me cautivó desde el principio, pero era consciente de que me disgustaba menos que a mis amigos sentarme delante de un libro, y era capaz de leerme un par de ellos casi sin darme cuenta. Estos pequeños detalles y el control de lo visceral me fue separando de mis compañeros de infancia para rodearme de los que debían acompañarme más adelante... Llegado el momento decidí que lo mejor era hacer una carrera de ciencias. No lo elegí de una manera excesivamente reposada ni en un momento determinado. Más bien me dejé llevar por mi aptitudes (o quizá no dejé que mis taras me arrastraran). Como fui consciente de que no sería posible llegar a ser un buen médico –para desánimo de mi madre-, empecé a hacer la carrera de Químicas. Una vez adentrado en el maravilloso mundo de lo atómico y lo molecular, la vida adquiría otra dimensión. Y fue entonces cuando descubrí la Bioquímica y la Biología Molecular. Dos profesores de la Universidad de Almería, una madrileña y el otro granadino, acabaron de darme el empujón definitivo para irme a Madrid a estudiar la carrera de Bioquímica y Biología Molecular. El cambio fue duro al principio, pero tener la convicción plena de estar haciendo algo con lo que disfrutaba como un niño en un charco, me hizo todo más fácil.

He dicho que dos profesores me acabaron de dar el empujón, pero el verdadero motor que me llevó a Madrid fue mi afán por investigar el virus del SIDA. Una vez allí me acerqué lo más que pude a éste, y estuve a punto de empezar a hacer mi tesis doctoral sobre este tema –una vez siendo licenciado-, pero circunstancias coyunturales quisieron que acabaran volviendo a Almería en septiembre de 2000 para empezar mi tesis en el campo de la ingeniería genética y la genética molecular de la mano de los doctores García-Maroto y López-Alonso. Desde entonces hasta ahora, el bagaje de varios artículos científicos, de un conocimiento no plasmable en un documento word, una tesis a punto de defender y una plaza como analizador de ácidos nucleicos en la Universidad de Almería, es lo que arrastro conmigo (o me arrastra a mí...).

En paralelo fui cultivando mi amor a la literatura, atreviéndome, más por incapacidad prosaica que por otra cosa, con la poesía, escribiendo poemas y más poemas que morían, la mayoría, al poco de ser escritos, como una flor caprichosa. Después me atreví con los relatos y di el paso a la novela con “El pasadizo de la emperatriz” (guardada para siempre en mi ordenador y que nunca verá la luz). Ahora sale a la calle “La Clave de Prometeo” y tengo la sensación de estar quitándole el papel de regalo a una vida que se me muestra con toda la generosidad que le es posible.

 

No lo sé; yo todavía no me lo he ganado. Tengo la sensación de que a los políticos no les interesa para nada la cultura (muchos meno la literatura) y que lo único que esperan sacar de ella es una foto que los coloque adecuadamente en la página interior de un periódico local (con un poco de suerte, en la portada...), y poco más.

En España, hoy la cultura está al alcance de cualquiera y eso se lo debemos agradecer al contexto histórico, social y cultural en el que nos encontramos. Los que hoy podrían ser el reflejo de aquella clase que tenía acceso a la literatura en la época de Valle Inclán siguen estando ahí, y siguen teniendo esa capacidad (no creo que se haya perdido la vasta herencia cultural de antaño), lo que pasa es que también hay otra masa social más ruidosa que aplaude diferentes manifestaciones de dudoso carácter artístico pero que tiene cabida, sobre todo hoy, en ese enorme cajón de sastre que alimenta nuestro tiempo libre.

Cada vez hay más certámenes y concursos que premian la creatividad. Incluso algunos de ello no están otorgados a priori, así que simplemente hay que escribir lo que un jurado (a veces mediocre) espera leer e invertir en correos. Yo soy un jugador nato, y me puede la competición, así que no renunciaré, aunque sea lo primero en lo que piense tras cada fallo dudoso, a seguir participando en estos premios.

Por supuesto, sin ninguna duda. El artista, en el momento en el que adquiere conciencia de que su obra va a llegar “al otro”, debe también adquirir un compromiso social que lo involucre a la hora de escribir la historia del momento que le ha tocado vivir.

Para mí la enseñanza es una posibilidad que no descarto (aunque la vida trate de apartarme del camino), aunque dado el tema objeto de mi materia (Bioquímica y Biología Molecular) la edad de los alumnos viene ya definida: universitarios.

No soy nada pesimista al respecto. Sólo hay que saber buscar lo que se quiere y no dejarse engañar por la opción fácil del despotrique y el manoseo de unas vidas de mentira.

Internet acerca al lector y al autor. Hoy es muy fácil conocer ipso facto la biografía de un escritor y la lista de sus títulos publicados, así como muchos de sus escritos electrónicos o incluso una dirección de contacto, y todo gracias a la informática.

No creo que nadie, en los albores de una carrera literaria se ponga como objetivo escribir un número determinado de obras. Yo escribiré mientras me siga encontrando a gusto con lo que hago y tenga la sensación de tener cosas que decir. Cuando no sea así, dejaré de hacerlo y no haré de ello un drama..., aunque me temo que voy a dar bastante la lata hasta entonces.

Tras finalizar un trabajo, uno necesita un período de desintoxicación y de vuelta al mundo real. Es su mismo corazón el que le dice cuándo debe volver a coger la pluma (o golpear las teclas del ordenador).

El término “famoso” me da bastante miedo, y sí es cierto que el acceso a ciertos medios, o a ciertos programas de esos medios, puede darte esa fama con carácter, además, de inmediatez. Pero ser reconocido por un trabajo y respetado requiere mucho más. También es verdad que la sociedad tiene bastante limitados los canales por los que acceder a “gente nueva”, y que hay que ajustarse a unas líneas que vienen marcadas si quieres entrar en el juego.

contadorNoticias- - Galería- - De tapeo -- Nuestro Foro- - Prensa-- Comentarios-- La Voz de Almería- - Autores que hablan en la Voz de la Cometa
.-