|
lavozdelacometa.org - Revista Cultura - Tu voz en Internet
LA VOZ DE LA COMETA. TU VOZ EN INTERNET
LAS PALABRAS Y EL ESCRUTADOR DEL SECRETO
(NOTA LIMINAR A "LSD")
¿Quién podrá invalidar, a esta altura o desaltura de los siglos,
aquel viejo principio de que el humor es una de las formas más altas de
la inteligencia? Estas palabras del obispo André Breton,
hoy sometido -post mortem- a la miseria del remate familiar de todas
sus pertenencias (por lo visto la miserabilidad no es patrimonio exclusivo de
los políticos y empresarios de la Argentina), se entroca, entonces, en
la mejor tradición de Aristófanes, Voltaire y Swift.
Quien "construye"
una revista o un boletín, reconstruye varias miradas y modelos del mundo.
Esas miradas y modelos son, finalmente o quizá felizmente,
palabras. Borges escribió en el prefacio de "El informe de Brodie":
"(...) ¿Quién, en 1970, recordará con precisión lo que fueron, a
fines del siglo anterior, los arrabales de Palermo o de Lomas? Por increíble
que parezca, hay escrupulosos que ejercen la policía de las pequeñas
distracciones. Observan, por ejemplo, que Martín Fierro hubiera hablado de
una bolsa de huesos, no de un saco de huesos, y reprueban, acaso con
injusticia, el pelaje overo rosado de cierto caballo famoso."
Por eso elegí, cuando "construía" este LSD de mayo, el
camino inverso al de las pequeñas distracciones: vale decir el de la busca de
la invención y sus sombras reveladoras. Quiero agradecer, a mi vez, la alta calidad
y cantidad de trabajos recibidos (nos resulta verdaderamente imposible poder
publicarlos en su totalidad), como así también la generosa invitación de
Alejandro Manrique para participar del proyecto.
El
viejo sabio Huang Ta Chung advertía a un discípulo que las
palabras no son buenas para el sentir de lo secreto. "¿Quien
puede ponerle nombre y apellidos al infinito?", se preguntaba. El
presente "LSD" prueba que, contrario sensu, el secreto y el
infinito admiten espléndidas o pavorosas genealogías de palabras.
¿Y no son Platón y Blake pruebas de ello?
Buenos Aires, mayo de 2003
Oscar Wilde, eximio maestro y
vindicador de la "inutilidad" de las cosas, sigue advirtiéndonos
contra la insuficiencia del milagro. ¿Para qué "sirven" estos
hechos sobrenaturales si no se está preparado para recibirlos? André Gide
rescata la resignificación de estas parábolas del evangelio:
"(...) -Cuando Jesús quiso regresar a Nazaret -contaba él-, Nazaret
había cambiado tanto que no reconoció su ciudad. La Nazaret que él había
vivido estaba llena de lamentos y de lágrimas.; en la de ahora, todo eran
carcajadas y cantos. Y Cristo, al entrar en la ciudad, vio a unas esclavas
que, cargadas de flores, se apresuraban hacia la escalera de mármol de una
casa de mármol blanco. Cristo entró en la casa y, al fondo de una sala de
jaspe, recostado sobre un lecho de púrpura, vio a un hombre cuyos cabellos
se hallaban entretejidos de rosas rojas y cuyos labios se veían rojos de
vino. Cristo se acercó a él, lo tocó en un hombro y le dijo: "¿por
qué llevas esta vida?" El hombre se volvió, lo reconoció y contestó:
"Yo era leproso; tú me curaste. ¿Por qué tendría que llevar otra
vida?"
Cristo
salió de aquella casa. Y he aquí que, en la calle, vio a una mujer cuyo
rostro y ropajes estaban pintados y cuyos pies calzaban perlas; y tras ella
iba un hombre cuya vestimenta era de dos colores y cuyos ojos se cubrían de
deseo. Y Cristó se acercó al hombre, le tocó en un hombro y le dijo:
"Pero ¿por qué siguesa esta mujer y la miras así?" El hombre se
volvió, lo reconoció y le dijo: "Yo era ciego; tú me curaste. ¿Qué
otra cosa podría hacer con mi vista?" Y Cristo se acercó a la mujer:
"El caminoque sigues", le dijo, "es el camino del pecado; ¿por
qué seguirlo?" La mujer lo reconoció y, riendo, le dijo: "El
camino que sigo es agradable y tú me perdonaste los pecados."
Entonces Cristo sintió su corazón lleno de tristeza y quiso dejar la
ciudad. Pero, cuando salía, vio finalmente, junto a los fosos de la ciudad,
a un joven que lloraba. Cristo se acercó a él y, tocando los rizos de sus
cabellos, le dijo: "Amigo mío, ¿por qué lloras?" El joven alzó
los ojos, lo reconocció y respondió: "Yo estaba muerto y tú me
resucitaste; ¿qué otra cosa puedo hacer con mi vida?"
LA ULTIMA NOCHE DEL PRIMER SECRETARIO
Tenía que
suceder. Un general y un cura, no podía ser de otro modo, ellos son casta
aparte, complementarios, entre los dos se las arreglan para detener
cualquier cosa y levantar el templo armado de la verdad única y completa.
El templo de la moderación y todo a su tiempo y armoniosamente. Ellos
regulan los pasos y las etapas, ellos controlan los relojes de la historia.
Ellos hacen la higiene y el mantenimiento de las instituciones eternas y las
costumbres que no se alteran nunca, las buenas y la moral y la familia y jamás
salirse de los moldes sacrosantos ni hacer un gesto que por ahí dios y el
mundo occidental y cristiano se enojen y nos prohiban saraos y rigodones. O
que el pueblo mismo se agrande y los pase por encima. Mañana mismo me voy,
todavía no sé, si me expulsan o yo mismo, ellos que me empujan
suavemente o yo que ya no aguanto más a estas gentes y voy a empezar con el
exilio, el primer exiliado de la revolución, o del país, o de la historia
que recién hace unos meses. Insoportable haber hecho tanto, y que de
repente un par de mediocres. Primer exiliado, quizá esté marcando la
historia, y que no haya otra salida para los que se pasen de, justamente. Mañana
me voy, ni sé cuál es la supuesta misión que me encomiendan, casi dudo de
que alguien lo sepa, y quiero despedirme de estos empedrados, de estos
faroles penumbrosos que obligan a las calles a perderse a sí mismas, de
estas vereditas angostas que apenas, quiero ver por última vez, no sé por
qué, digo por última vez, esta plaza donde empezó todo, esta abertura
de la ciudad que al final volatilizó todo, que parece ser la ventilación
de los hervideros del pueblo, el desfogue de los bombos y los cantos de
guerra, y al final el puro aire, cuando los que dirigen, que no fueron a la
cabeza ni la perdieron después, vuelven de las misiones heroicas y
restablecen la paz y las pascuas. Por última vez quiero ver este edificio
que tanto nos costó tomar, esta recova larga con un piso arriba y la torre
en medio con su reloj detenido a las veinte y veinticinco. Pero quién lo
piensa como edificio, quién lo piensa como se puede pensar la aduana o la
catedral, o el rascacielos de obras públicas. Contemplo todo y se me encoge
el alma pensar las cosas que nacieron acá, el país, la idea de toda una América
en marcha hacia el futuro, pero el futuro se adelantó y nos encontró
desunidos y dominados por nosotros mismos, por los más mediocres de
nosotros. Qué ocurrirá cuando vengan los capitales y los empréstitos
de afuera, cuando los mediocres de siempre inventen la burocracia, cuando
las clases poderosas se hagan sólidas y se alíen con el primero que pase y
les asegure la perduración de los bienes y todos los privilegios. Se pasarán
el tiempo matando pueblo entre guerras de independencia y guerras de
exterminio, sofocarán o aniquilarán a los mejores, o lograrán que se
vayan, y tantas inundaciones de sangre sólo servirán para cambiar de dueños,
para ser colonia del imperio de turno. Sé que la misión que me dicen y
nadie sabe puede ser una trampa, pero mañana me voy y no podría aguantar
un día más acá sabiendo los sueños que alimenté y viendo cada día
la realidad de este grupo de enancados que no saben qué hacer con lo que
tienen entre las manos ni se les ocurre pensar que están fundando algo, que
la historia les pasa entre los dedos. Un general canoso y sin ideas, pero de
mucho prestigio entre sus pares, esto va a ser fundamental para siempre, con
miedo a la guerra, a mover ejércitos, a salirse de los cuarteles del
Retiro, a fusilar a los enemigos dispuestos a masacrarnos, a perdonar a
todos y reconciliar. Cómo mandar al paredón a pares de uno mismo, gente de
la misma casta que por ahí hoy se equivocan pero mañana podemos coincidir
de nuevo, cómo derramar sangre de camaradas que después de todo. Cómo
pudimos nombrarlo presidente si solo daba para una embajada en Africa del
Sur. Cuestión de escalafón, de prestigio entre los pares y hablar poco
para parecer que pensaba mucho. Un general de bailes y reuniones mundanas y
hacer facha en los salones de la gente bien, y él exclusivo de honores,
como la noche del cinco de diciembre. Lo que habrá sufrido cada vez
que yo abría la boca o redactaba ordenanzas para la guerra o repartía ejércitos
por el país. El general lavado, y un cura podrido en ambiciones que lo
matan, que le dan primicias del infierno. El cura solapado con muchos brazos
por tus hombros y muchos golpes de amistad en tu espalda, pero a tus
espaldas complotando para barrerte de la escena, a vos y a tus amigos, para
detener una revolución que se pasaba de la raya y podía terminar barriéndolos
a ellos, suplantándolos por auténticos, quitándoles la dominación de las
almas y el goce de sus privilegios, y que se armara la de Sanquintín, que
la gente usara los templos para algo, y los cuarteles, que los jacobinos
destruyeran los pilares y vinieran el libertinaje y la pornografía y la
droga y el divorcio, que el pueblo bajo se encumbrara a hacer lo que ellos
solos pueden y están destinados por siempre jamás. Quizá sea el
molde de la historia, el esquema básico, la compulsa de repetición, el
eterno retorno que nos sucederá una y otra vez. No quiero pensar ni saber
lo que será esto cuando esta alianza entre el espíritu y la espada se haga
firme, cuando los poderosos se fortifiquen en su clase, cuando lleguen los
capitales de los imperios y entren a repartir coimas y a seleccionar
apellidos y gerentes. No, no quiero quedarme un día más. Mañana tomaré
el barco que me saque de este río de cuyo nombre no querré acordarme nunca
más, y no sé si me moriré yo solo o me ayudarán y me añadirán una
frase célebre que figure en todos los manuales de la historia que escribirán
ellos mismos. Miro el cabildo por última vez, olvido los pasos afiebrados
que caminé por sus salas y pasillos, me duele no tener cerca a Castelli ni
a Paso, no poder despedirme o llevármelos conmigo, y cruzo por las rayas
blancas para irme por la Diagonal Norte a presentir el Obelisco y profetizar
otro general de prestigio que lo levantará algún día. Naturalmente, antes
de irme quiero tomar un café en La Paz, el último café. Antes de
inaugurar el modelo del exilio.
76
POBLADOS PUERTOS DE SANGRE EN CARLOS CONTRERAS ELVIRA
Ha sido para mí un placer leer y releer "La catarata de lunas"
de Carlos Contreras Elvira; que alguien se atreva hoy en día a volver
sobre temas olvidados -juzgados falsariamente por algunos críticos como
"trillados"-, representa toda una audacia, amén de un ejercicio
poético commemorativo y dador de experiencias. He reparado, especialmente,
en poemas como Encuentro del juglar con la saeta que antaño le
enmudeciera, donde la presencia del amor como representación de
una nostalgia (salvo que toda presencia lo es) envuelve todo el texto,
recorriéndolo con su nutrida geografía de alturas y de ánades.
Las
reminiscencias del romancero como así también de obras fundacionales de la
literatura española y, mucho más acá en el tiempo de metáforas
suprarrealistas, enriquecen poemas como la Huida imaginaria en Cork, pequeña
localidad de Irlanda donde actualmente vive y cursa estudios el autor: "Podan
los cuervos la música de las arterias en las piernas de la
basílica", escribe, vindicando dicha influencia surreal. Y es
"el corazón de la luna" el itinerario imposible con que a
bruces tropieza el no menos imposible deseo, una busca insaciada
de explorador en los aserraderos del tiempo desasido, desangrado. El poema
que da título a la serie -al que, singularmente, podríamos considerar como
Ars poetica- encumbra reflexiones sobre el oficio del escritor: hay aquí
una "marmita de bálsamos", metáfora refractaria de la visión
interior y especular de toda poiésis.
La
Iglesia de San Martín de Hoyos asume, mientras tanto, casi un rol
primal en esto de detenernos a reflexionar antes de la llegada (casi a
la manera de un peregrino). Desde el principio, esta poesía nos
derrama inactualidad, recorre un presente torvo y oscuro: "La
piedra de los muros es más áspera por esta época", advierte al
comienzo del precitado poema. Pero esos espectros bien pueden atenuarse
ante ciertas anunciaciones:
" (...) -La
fruta de nieve del invierno está madura-.
Galanes de oscuridad están naciendo
sobre nuestros cuerpos encendidos
Para que de nuevo se produzca
en el hielo la fantasía,
La pintura al fresco de una nueva noche,
La estremecedora ventana abierta
de los mitos."*
Y
entonces llegan los puertos, los elegíacos, los tempestuosos, los
poblados puertos que "La catarata de lunas" añora y
reclama con sus meigas, sibilinas y demás seres sobrenaturales.
¿No es acaso éste el reclamo primigenio de la poesía? Esos puertos unirán
el aire y el agua, elementos lustrales que Carlos Contreras Elvira
exhuma para nuestro asombro y que enmarcan una divergente mitología
personal.
* Final del poema Precioso invierno
Por
todas estas cosas, y como muestra de ellas, aquí les acercamos a todos los
LSDeros este poema del autor.
Se
rasgaron las bujías de la sombra, se adentraron los cuatralbos en la
sombra,
bosque
de fuego, de estrellas, de acordeones, la sombra ahogó bocas y gemas.
Sombra
de sensatez ceñida en tormenta tras el letargo canso del invierno,
tras
la profunda inhalación del invierno, tras el torbellino de lunas del
invierno
con ánades
de plata helada, con atalayas ardidas y pilastras extinguidas
con
el fuste rodeado de trepadoras, torpes, mientras tú en aquel carruaje
enlodado
en
los márgenes del río por las chalanas, por las voces de luz
y
la lluvia y los cirios atrapados entre cristales y los timones y los
bufidos,
esa
faz invernal de plata ennegrecida que ya no reconocería jamás, si amor,
jamás,
me
habría quedado allí contemplando tus ojos vacíos una vida,
al
otro lado de la ventanilla del carruaje con un deseo de jilgueros en el
rostro,
con
un acopio de corzos en los parpados, con una patria de leones en los labios,
y
con el hálito de niebla de los abetos y con los dientes tronchados de los
abetos
y
con las tapias cárdenas que cuelgan remotas en el cielo,
(sobre
lápidas y flores ajadas, del orégano y los cántaros balsámicos, de
ladridos helados y alas resecas) de los abetos ahogándose en tus parpados.
Se
rasgaron las bujías de la sombra, se adentraron los cuatralbos en la
sombra,
se
oxidaron las tachuelas del olvido, concurrió un huerto (el cielo) por mi
memoria,
berreaba
aquel chiquillo en el trayecto colmado de esculturas de santos con musgo
entre las uñas, con una paloma de nieve nadando en música de Vivaldi,
agitando noche,
con
el pico descascarillado contra el mármol y el cuello desvaído.
Y
ahora aquí postrado en esta grada prieta, sin más hoguera que la de mi
pecho
de
cuando cruzabas azuzada hacia el bosque y la sombra y los vergeles.
Aquí,
sin que me sientas, si hubieras estado aquí, si hubieras visto:
-Sujetaron
los puños de los Dragones con grilletes, atravesaron sus belfos con
ajorcas,
no
sé quien colmó de balas todo el caño del manantial que brotaba de sus
lenguas
y
el vino de la copa de barro, el vino de la copa encendida, el vino de aquel
barro estriado igual que áspides rojas, igual que reptiles, lo envenenaron
todo y allá yace
igual
que las siembras del invierno, atropellado igual que pájaros,
repleto
de cadenas y de luces fallecidas, lleno de luz y sombras frías.-
De
la hoguera, de sus lenguas de ópalo partías hacia la sombra de antes
desconociendo que todo había terminado, muy alumbrada, podría ser, con
el pelo desabrochado,
con
el aliento descompasado y temerosa, tan abatida, los cánticos te conmovían,
si
suspirabas la arena del sendero te sentía, venía un viento limpio si
suspirabas,
se
despertaban los candiles, sólo era de estaño el mundo, el firmamento
crepitaba
si
suspirabas. Podría ser que un violín silbara en tus muslos,
que
las malezas se llenaban de tela ensangrentada, lloviznaban zarzas,
Y
ahora estallan sombras en la caverna, verás una falúa naufragando en cada
luna
verás
unos ojos en cada luna, inútilmente escucharás sentada en el borde del
acantilado,
nunca
habrá voces allí, pasearás por el atrio de la abadía,
averiguarás
el rostro de Atenea, los lobos contemplarán la escarcha al alba,
verás
un mosaico de colores con coágulos de nitro en el mausoleo,
sin
paredes, del convento, el tornado extirpará los rosales del tejado, desnudándolo.
Nunca
habrá voces allí, nunca habrá voces allí
y
los cuervos me traerán cada día con un rostro diferente espinas de congoja
en
sus azadas de oro y sus frentes inundadas de esmalte y fiebre,
dejando
pisadas púrpuras, se llevarán las cartas que ese joven nunca envió.
Nunca
habrá voces allí y me iré sin que sigas siendo mía, que deleite.
...En
tal sentido, si mis fuentes son veraces, Buster Keaton, el actor cómico,
tuvo una muerte ejemplar. Alguien, junto a su cama de enfermo, observó:
"Ya no vive". "Para saberlo -respondió otro- hay que tocarle
los pies. La gente muere con los pies fríos." "Juana de Arco,
no", dijo Buster Keaton, y quedó muerto.
Adolfo
Bioy Casares, De las cosas maravillosas
Almería. Noticias on line
[Almería]. Noticias en la Red
COMETA2 |