LA CALA DE
LOS SUEÑOS
Erase un hombre que paseaba todos
los días por el campo, veía los árboles, el río,
los peces, la hierba bajo sus pies. Algunas veces miraba hacia el cielo y
soñaba con ser pájaro y revolotear como ellos entre las nubes;
sonreía y se alejaba hacia su casa pensando "mi vida no es esa por
mucho que yo quiera".
Un día que salió temprano
encontró cerca del río un águila precioso, enganchado
en una alambrada, luchando por escapar y haciéndose daño en su
ala herida. El hombre lo cogió con dulzura y el águila vio amor
en sus ojos y se dejó llevar. El ala no estaba rota pero necesitaba
cuidados, así que el águila se quedó durante un tiempo
con el hombre y por la noche empezó a contarle su vida: sus vuelos,
lo alto que subía en el cielo y lo libre que era, cómo viajaba,
las cosas que veía y que el hombre solo imaginaba.
El hombre pasó las noches
más felices de su vida, tanto cariño le tomó al águila
que empezó a creer que la vida del ave podía ser la suya, dejando
atrás una existencia monótona y que ya le parecía sin
sentido. Le contaba al águila las cosas bonitas que harían juntos,
sus sueños serían realidad, podría sentirse como siempre
había querido y mostrarse ante los demás como realmente era:
un hombre con alma de pájaro que vería al mundo desde las alturas
y se reiría de las mezquindades que dominan a los humanos, solo se guiaría
por su corazón... y su corazón deseaba volar...volar....
El águila miraba con tristeza
al hombre, creía que lo había confundido, no era posible volar
juntos, un hombre no puede volar, los sueños no se cumplen por mucho
que se deseen; así que una tarde, con todo el dolor de su corazón,
guió al hombre hasta un acantilado. Las olas batían contra las
rocas, el sol ensangrentaba el mar mientras se ocultaba y el aire parecía
suspirar entre los árboles.
El águila, ya con su ala
curada, empezó a volar...subía y bajaba, daba vueltas y cabriolas
de alegría, gritaba al cielo y oía el aire deslizarse por sus
plumas...era feliz!!!. Pero tenía que actuar con la razón, de
forma que en la última pasada se quedó planeando a pocos metros
del hombre y le llamó: "ven...vuela conmigo, lánzate al vacío,
sé libre". El hombre lloró de alegría, sintió su
corazón latir como loco y se lanzó hacia el acantilado con los
brazos extendidos; corría, saltaba y .....¡volaba!.
Durante un segundo sus sueños
fueron realidad, vivió lo que había deseado, voló junto
a su amada y fue pájaro más que hombre.....solo un segundo, después
vino la realidad cruel y traicionera : la caída hacia el suelo, hacia
su existencia, cada vez veía más cerca como era en realidad y
el reflejo del mar le mostraba su cara, el rostro de un hombre con lágrimas
en los ojos por imaginarse pájaro en un mundo sin sentimientos, donde
la razón obliga a caer.....cada vez más cerca del suelo...cada
vez más cerca de romperse el corazón....
* * * * *
El águila volvió la
cabeza, no quería ver al hombre sufrir, era necesario despertarlo
de su sueño, aunque le partiera el corazón y se lo destrozara
ella, así que con rabia se alejó; voló alto, lloró por
lo injusto de la vida y deseó no tener corazón para no sentir
tanto dolor. Tanto le dolía el pecho, tan mal se encontraba, que giró en
redondo y voló con todas sus fuerzas hacia las olas del acantilado;
allí esperaba encontrar al hombre, triste por descubrir la realidad,
ella se contentaría con mirarlo desde el cielo y amarlo en silencio
.....pero cuando llegó solo vio aguas grises del atardecer, no había
nadie, no pudo sentir alivio en su corazón, ver el rostro del hombre
habría calmado algo la grieta de su corazón...pero no estaba.
Lloró, gritó, voló, tocó con sus alas el agua
y los árboles, planeó sobre la casa del hombre, pero no lo
vio. Nunca más lo vería.
* * * * *
Cuando el águila guió su
vuelo hacia el horizonte pensó en perseguir a esa gran bola de fuego
que se ocultaba poco a poco entre las olas, volar tras ella hasta alcanzarla
para quemar su corazón y no sentir nada por nadie.... sabía
que era imposible, pero necesitaba huir de aquellas tierras.
Empezaba a oscurecer, y su corazón
acompañaba a la noche, perdiendo calor cada vez más. De repente
sintió un impulso, giró la cabeza y vio algo brillar bajo las
nubes, así que descendió un poco, atravesó una neblina
a pocos metros por encima del mar y se acercó a la luz. Ahora era más
nítida ya que la noche estaba totalmente cerrada, algo brillaba cerca
de ella, era del color de la sangre, rojo fuerte y se movía hacia el águila, ésta
planeó un poco más y casi choca con... ¡ amado!. El hombre reía,
palmoteaba en el aire y gritaba de alegría. El águila no se lo
creía hasta que sus labios se juntaron. ¿Cómo podía un
hombre volar? ¿Cómo llegó hasta ella? ¿Cómo se saltó la
razón?....
El hombre cantó a su oído: "no
necesito volar, solo pensar en ti y dejarme guiar por el corazón, te
necesita y ha tirado de mí hacia el cielo pues no entiende de leyes
físicas, solo de sentimientos y su fuerza es tanta que ilumina la noche
y me lleva a tu lado, para unir dos corazones que no se separarán más".
¿Por qué no han de cumplirse
los sueños?
El hombre es lo que siente, no
lo que le hacen ver....
Albert
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